Yo no reciclo

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Has leído bien, yo no reciclo. Estoy titulado y ejerzo a ratos como educador y comunicador ambiental y no reciclo. Puede parecer un sinsentido, algo ilógico, pero así es. ¡Qué cosa más rara!, pensarás. Pues sí, soy muy raro.
No sé si recordarás del colegio, de haberlo escuchado por la tele o que te lo ha explicado tu hija, la regla de las 3 R: reducir, reutilizar y reciclar. Un trío básico para todo aquel que se preocupa un mínimo por el entorno que lo rodea y que está concienciado de que la cantidad de residuos que desechamos en las sociedades occidentales es cuanto menos copiosa. Creo que casi todo el mundo conoce este trío e intenta, en la medida de lo posible, aplicarlo.
El problema es que lo leemos al revés, como se lee la lengua árabe, de derecha a izquierda; y además nos quedamos en la primera palabra, reciclar. Hagamos un ejercicio de lectura en lengua románica: leamos de izquierda a derecha. Este es el verdadero orden de importancia de esta famosa regla. Reducir, reutilizar, reciclar. Como decía, es habitual que la gente piense que reciclando ya estamos contribuyendo a mejorar el medio que nos rodea. Y así es, siempre es mejor que echarlo todo al mismo agujero. Pero hay dos acciones mejores, las que la preceden en la regla de marras.
Si reducimos el consumo de cualquier bien (usamos guantes que se pueden lavar y no desechables, compramos en un establecimiento donde venden bienes que utilizan menos embalaje…) contribuimos a que no se produzca una unidad adicional de ese producto y, por tanto, estamos evitando que nuevos embalajes de plástico, cartón o aluminio inunden nuestros queridos paisajes.
Si después de haber comprado un producto, reutilizamos estos embalajes (o incluso el mismo producto) y le damos un uso nuevo, totalmente diferente o relacionado con el anterior, estamos reutilizando. Así, evitamos comprar un producto que haga la nueva función de aquel. Damos un nuevo uso a un objeto, entrenamos nuestra imaginación y reducimos en material usado. Es una reducción directa, nosotros somos los únicos encargados de que no se compre otro producto ya que tenemos otro que nos hace la misma función.
Si después de haber comprado un producto, reciclamos sus embalajes (o incluso el mismo producto), se lo estamos dando a una empresa que prima el beneficio económico al cuidado del medio ambiente. Probablemente, estos embalajes reducirán la producción de más embalajes en el futuro, pero es algo que no depende de nosotros, es algo externo. Y la categoría de externo implica que, una vez depositamos el envase, por poner un ejemplo, en el contenedor amarillo ya no sabemos qué le va a ocurrir, adónde va a ir. Perdemos fiabilidad. Reutilizando, en cambio, estamos seguros de qué le va a pasar a ese producto/embalaje.
En definitiva, como dice el título, yo no reciclo porque creo que no es lo más importante si quiero evitar que las calles, las montañas y los océanos se llenen de residuos, lo que tengo que hacer primero es reducir. Después ya veremos. Por tanto, yo no reciclo. Yo reduzco.

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