La aceptación y asimilación de la provincia como ente, ha tardado más de ciento sesenta años. Todavía no era asumida, cuando esta respuesta llegó de una persona al saber que el centro geométrico de Andalucía es Badolatosa. El geométrico. El geográfico es otro, y no el que casi todos creen. Por su respuesta, acababa de perder valor ser la ciudad situada en el centro; la criaturita trasvasaba esa importancia a la provincia en que se hallaba incluida por una ley impuesta para imponer el centralismo. Monumental monumento al provincianismo centralista: supuesto “combatir el centralismo” impulsando el centralismo. ¡Qué fuerza llega a tener un alcalde! Si la hubiera utilizado a favor de la ciudad que rigió, la habría convertido en una de las más importantes del mundo. Sin embargo, algo menos de un plan estratégico fue capaz de hacer en 14 años de mayorías. Tuvieron que ser sus sucesores quienes la transformaran, aunque a costa de degradar el centro y derribar barrios singulares. Pero este es otro tema, que merece atención propia.

Sólo ocurre en Andalucía, quizá porque muchas, la mayoría de sus ciudades pueden presumir de años, de siglos de vida y porque la diferencia entre las principales dista mucho de las que se dan entre poblaciones de otras comunidades. Pero, cuando hace cuarenta años, pedíamos la capitalidad para Antequera, nadie conocía la discusión en su suelo de una Constitución para Andalucía. En realidad, y merece más lamento que aplauso, se siguió el modelo español, de situar la capital en el centro geométrico para hacerla centro de todas las atenciones. No obstante, en Andalucía el centro geométrico no coincide con el geográfico. Ambos quedan muy separados entre sí.

Fue lo que movió a muchos a retirarnos: no queríamos reproducir el esquema español. Y lo que hizo a otros adobar la pretensión: la capital equidistante, para igualar distancias a todos los andaluces, pretensión desmentida por un simple cálculo de distancias. Pero ni se pueden igualar, ni siquiera acercar distancias, que son las que son, ni es posible achicar Andalucía, ni es la ciudad quien decide la existencia o no de un centralismo. El centralismo, cuando existe, no es una ubicación ni depende de ella. Es una mentalidad, un comportamiento, una forma de gobernar. Para otros muchos, la capital en Antequera no ha sido más que la canalización de su fobia contra Sevilla, movido por un ex-alcalde incapaz, falto de ideas, que, sin embargo, votó a su ciudad, no a la defendida por su situación, relativamente cercana al centro geográfico. Fue, también, maniobra del verdadero centralismo, el español, para quebrar la amistad de siglos entre estas dos ciudades, jamás enfrentadas hasta entonces, aunque lo que se quebró fue precisamente el intento de enfrentarlas.

El centralismo no es una ciudad. Es una forma de gobierno. El centralismo madrileño no es Madrid, es la acción benefactora del Gobierno sobre Madrid, a costa del abandono del resto, algo que no se repite en Andalucía, dónde la actual capital administrativa está muy lejos de ser preferida, ni en inversiones ni en imagen, ni en nada. Juanma Moreno no va a descentralizar haciendo consejos de gobierno en un periplo por varias ciudades. Bienvenido sea el gesto, pero no pasa de ser un gesto lumínico. Vamos, un farol. Frente a la teoría de la supuesta equidistancia, la práctica aconseja lo que sería justo: evitar desplazamientos al ciudadano. Ya ocurre en parte: nadie, absolutamente nadie, necesita ir a las consejerías a resolver sus dudas, gestiones o problemas. Para eso están las delegaciones. Ahora, el siguiente lógico y justo paso, sería ampliarlo a ciudades y comarcas, sin ajustarse a los límites de las demarcaciones provinciales, para lo cual no es preciso crear nuevas estructuras ni edificios administrativos. Instituciones hay -ayuntamientos, cámaras locales, cooperativas, etc.- desde dónde es fácil realizar cualquier gestión. Muy fácil.

El hipotético cambio físico de la capitalidad supondría un más que elevadísimo coste social, humano y económico, imposible de justificar; más imposible aún si existe y se mantiene la tan manoseada y atribuida mentalidad centralista.

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Rafael Sanmartin
- Ex-Redactor -

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