¿No te ha invadido nunca esa sensación de que, en nuestras democracias, votamos muy poco? Solo cada 4 años… ¡Venga ya! Eso no es nada. A mí, sinceramente, me preocupa bastante. No la afirmación de marras, sino lo que nos han hecho creer. Antes que nada, hay que preguntarse «¿por qué voto?» y «¿para qué voto?». ¿Voto para que mande el partido de mi color favorito y este ya se apañará porque ya sabe lo que tiene que hacer? ¿Voto simplemente porque me han dicho que es importante ir a las urnas, pero en realidad paso del tema? ¿O voto con conciencia porque quiero realmente participar en la política y ser partícipe de todo lo que pasa a mi alrededor? Si eres de los que se hace la primera o la segunda pregunta, no sigas leyendo; si eres de los de la tercera, adelante.

Yo voto todos los días. Ya sé que te han hecho creer que tienes que ir a las urnas cada 4 años (o los que sean) y que es la única manera de participar en política (política no entendida como puro y rancio partidismo sino como modelo de gestión de la sociedad que queremos). Pues mira, no. Yo no. Y te diré más: tú tampoco.

En el sistema capitalista, el poder lo tienen los consumidores. Por muy potente que sea una empresa, por muchas inversiones que haga y por mucho que esté presente en 25 países, si de hoy para mañana todos dejamos de comprarle productos, se va a la mierda, claro y conciso. No hay vuelta de tuerca. ¿Por qué es tan grande y vigorosa Inditex? Porque muchísima gente por todo el globo compra sus productos. ¿Por qué la mercería de la esquina que gestiona un amigo mío está a punto de cerrar? Porque sus clientes son unos cuantos del barrio y ni eso. Aparte quedan la calidad, el precio, el servicio posventa, etc.  Al final, el poder de decisión de un acto de consumo lo tenemos nosotros y nadie más. Me dirás: ¿y qué tiene que ver esto con la política?

La política es un método o un arte para gestionar todo lo que nos rodea como sociedad. Si miras desde un mapa de satélite la frontera entre la República Dominicana y Haití a una escala no muy grande ni muy pequeña, lo entenderás en seguida: una misma isla, un mismo clima, unas mismas condiciones ambientales y, en cambio, a una parte de la frontera impera el verde mientras que, a la otra, no se ve ni un árbol (es increíble cómo esta diferencia sigue a la perfección la línea fronteriza). Por tanto, la política son decisiones que tomamos que influyen en el territorio y la sociedad en que vivimos y que nos afectan directamente. En este caso, Haití decidió talar árboles para ves tú a saber qué y la República Dominicana decidió conservarlos, con las consecuencias que cada elección conlleva.

¿Todo esto lo decide el gobierno de turno? Pues no. Un gobierno puede encauzar de alguna manera las acciones que se quieren llevar a cabo, pero, al final, las que modelan el territorio y están en la base de la sociedad en la que vivimos son las empresas. Estas utilizan recursos, los transforman, emiten residuos, nos contratan, etc. En definitiva, estas son las actrices que organizan nuestra sociedad. Por tanto, cuando compramos un producto a una empresa y no a otra, estamos dándole nuestro voto a toda su actividad y a todos los efectos que produce en nuestra sociedad.

Por ejemplo, si compramos verduras en un supermercado de una marca multinacional que compra productos del campo a Estados Unidos, estaremos dándole nuestro voto a una empresa que no prioriza los productos de aquí, de nuestra tierra en detrimento del agricultor del mercado de los miércoles, que ha cultivado él mismo los productos a 2 kilómetros de distancia. En definitiva, estaremos dando la riqueza (y, repito, el voto) a otra persona que no conocemos y además estaremos votando que los productos viajen miles y miles de kilómetros con la contaminación que eso conlleva.

En conclusión, cada vez que vamos a comprar, estamos decidiendo y votando por la sociedad que queremos. Y esto es, se mire como se mire, un poder. Porque de mí depende que fulanita tenga un ingreso más y que menganito tenga uno menos. Parece algo superfluo, pero no lo es: piensa en la cantidad que pierde (o deja de ganar), por ejemplo, Iberdrola si mañana, al otro, al siguiente y en 20 años no utilizas su energía sino la de una empresa que utiliza renovables. Es increíble, haced el cálculo y veréis. Desde pequeños nos tienen engañados y nos dicen que solo se vota cada 4 años, pero no te lo creas: yo voto todos los días. ¿Y tú?

2 Comentarios

  1. Es una cuestión que pasa desapercibida pero que realizamos todos los días y de la que, por tanto, hemos de ser conscientes. ¡Gracias por la difusión!

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