En un momento en que la pandemia provocada por el  Covid-19 nos obliga a mantenernos «enclaustrados» y sin salir de casa desde Revista Loa y nos consta que lo hace muchas personas y organizaciones solidarias, nos planteamos ¿cómo se le puede pedir confinamiento a personas que viven en infraviviendas, chabolas de cartón y aluminio o a refugiados en campamentos cuyo techo es una tienda de campaña? 

Alrededor del año 1970, el arquitecto iraní Nader Khalili se fue al desierto con una motocicleta y permaneció durante 5 años investigando los sistemas constructivos basados en el adobe con paja, diseños tradicionales de casas en terrenos áridos. Colaborador de la NASA, mienbro del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) e involucrado con Arquitectura de la Tierra y desarrollo del Tercer Mundo desde 1975.

“La tierra es el material más ecológico, abundante y duradero que existe y además ¡está por todas partes! Mil millones de personas en el mundo carecen de hogar o sus casas son débiles y se derrumban, con mi sistema esto no ocurre” 

La conclusión de muchos años de estudio e investigación avalada por todos esos organismos dio pie a un sistema de construcción denominado «Superadobe«, algo tan simple como una técnica de construcción ecológica a base de bolsas de tierra utilizando sacos largos llenos de arena, alambre de púas (el mismo que se utiliza para no dejar pasar a personas en las fronteras) y tierra con paja para el recubrimiento, así como algunas herramientas básicas como unas tenazas o una pala. 

Características técnicas

  • Las viviendas de superadobe han pasado los requisitos de seguridad contemporáneos de los códigos sísmicos en los laboratorios de California. 
  • Resistencia a huracanes
  • La tierra tiene la capacidad de absorber el calor para liberarlo en un ambiente frío de la misma forma en que ayuda a conservar el calor, esto se traduce en temperatura constante en el interior. 
  • Los muros de tierra funcionan como una barrera acústica
  • Reducido coste de construcción, el 90% de los materiales utilizados son del propio lugar y sin adquisición comercial.
  • No se requiere el uso de energía para su construcción, lo cual implica un ahorro energético y en cuanto a contaminación muy importante. 
  • No deja residuos
  • Coste total de la construcción: 150 €

Conciencia social

¿Dónde radica el problema? si en este momento alguna ONG o empresa privada con conciencia social se le ocurriera llegar a un «barrio» chabolista o por ejemplo a uno de los muchos campamentos de inmigrantes de recogida de productos del campo que hay en toda España y comenzara a construir viviendas de Superadobe, la administración paralizaría de forma inmediata estas acciones y muy pocos políticos lanzarían propuestas en plenos municipales, parlamento o incluso en el congreso para que se cambiara la normativa. 

 

¿Porqué?

El análisis y la conclusión es fácil, esto crearía derechos adquiridos pues no se consideran infraviviendas precarias y lo que para muchos es más importante rompería el mercado inmobiliario y la economía de la construcción, basada en sobrecostes y en la especulación con uno de los derechos básicos y más primordiales existentes: el derecho a una vivienda. 

Mientras tanto, 7, 8 y hasta 10 personas viven hacinados en casas de cartón y chapa, sin unas condiciones saludables de vida y se les está exigiendo bajo pena de multa y hasta encarcelamiento que no salgan de ellas; pero aunque no viviéramos este momento debido al COVID-19 desde las ONG y como siempre, debemos de plantearnos si tendríamos que crear plataformas de presión política y social para no sólo exigir que se puedan plantear este tipo de construcciones en zonas desfavorecidas -no sólo del Tercer Mundo- sino obligar a cambiar las políticas de vivienda para que realmente garanticen de forma universal el poder tener un techo donde cobijarse y se deje de especular con un derecho tan básico y elemental. 

 

 

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