¿Viajar solos o viajar en grupo?

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Todo en la vida tiene sus beneficios y ciertas desventajas que hay que aceptar por un beneficio que, según el caso, la forma en que se lo vea y los objetivos propios, puede ser mayor.

Yo estaba acostumbrada a viajar sola, pero decidí arriesgarme a tener la experiencia de viajar en grupo, para poder apreciarla en carne propia. Y definitivamente ha sido una muy enriquecedora, que me ha permitido escribir este artículo con conocimiento de causa.

Viajar solos brinda la clara ventaja de poder disponer del tiempo a nuestro antojo. En un viaje en soledad se puede aprovechar la gran oportunidad de pasar tiempo con nosotros mismos, a solas, conocernos más, escuchar nuestra propia voz, nuestra intuición, aprender cosas de nosotros mismos que no conocíamos, hacer cualquier actividad sin presiones ni dependencias. Por esto es que mucha gente descubre su propio significado de la felicidad en sus viajes en solitario, o su verdadera vocación, lo que llena su alma – como enseñé en mi artículo Cosas que Aprendemos al Viajar. Y también puede hacernos caer en la cuenta de que, más tarde o más temprano y en ciertos momentos, necesitamos también vincularnos con otros, y buscamos su compañía para poder compartir nuestras experiencias, gracias a lo cual también podemos generar herramientas interpersonales (y, asimismo tal vez, practicar idiomas) para poder socializar con desconocidos, comenzar conversaciones y sostenerlas, hacer nuevos amigos, aprender de ellos…
El estar solos puede hacernos sentir un poco de miedo a veces: estamos solos, con nosotros mismos y nuestros recursos, para ayudarnos, para resolver lo que se nos presente, para salvar los obstáculos que debamos enfrentar. Somos nuestra propia solución, nuestro propio líder. Y esto a veces causa pánico. Pero esto también puede obligarnos y motivarnos a desarrollar nuestra valentía, nuestra autoridad, nuestra autosuficiencia y eficacia, nuestra autonomía e independencia, nuestras habilidades para gestar herramientas y soluciones, nuestra creatividad, lo que nos hace humanos: todo lo cual nos enseña a ser, a vivir y enaltece nuestra autoestima, que no es más que el amor por nosotros mismos. Deberemos ser nuestro mejor amigo.
Estar solos no significa que debamos sentirnos solos en el mundo, ni solitarios: si aprovechamos la oportunidad del viaje solos para desarrollar nuestra confianza y nos sentimos a gusto con nuestro propio ser y compañía, haremos que los demás también se sientan a gusto con nosotros, seremos magnéticos de forma positiva y generaremos más gratos y enriquecedores intercambios con personas a las que les daremos la posibilidad de que también puedan aprender de nosotros y sientan satisfacción por hacerlo. Además, regresaremos con un caudal de sabiduría y un gran desarrollo personal que redundará en una mejor calidad de vida.

Si queremos viajar en solitario pero tememos no poder organizarnos o no nos sentimos listos para realizar por nuestra cuenta ciertas coordinaciones durante el viaje, podemos hacerlo solos pero con la ayuda de una agencia de turismo que nos organice las actividades y nos guíe durante nuestra experiencia. Esta decidirá, muchas veces, dónde pasaremos la noche, dónde comeremos, en qué momentos, etc. y si son detalles que preferimos que los gestione un tercero para sentirnos tranquilos de focalizarnos solo en experimentar la cultura de un lugar y tener la experiencia del viaje, es una buena opción.

Solamente hay que tener en cuenta que es probable que se realice con un grupo de gente que también quizás viaja sola, y deberemos adecuarnos a normas impuestas por todo el equipo y la misma agencia, pero esto puede ser asimismo una oportunidad de conocer gente nueva con nuestro mismo objetivo y estilo de viajar, al tiempo que también sabemos que estamos, en realidad, viajando solos, con todo lo que implica, desarrollando nuevos conocimientos pero con el soporte que brinda el grupo.

Viajar en grupo con amigos y/o conocidos, por otro lado, implica muchas veces acallar nuestra propia voluntad por la causa del equipo, pero sabiendo también que esta es tan importante como la de los demás y luego debería ser escuchada también. El problema de uno se convierte en el de todos, porque todos quedan afectados. Pero esto también hace que, si hay contraposiciones de voluntades, descubramos nuestra propia voz y nuestro propio sentir: debido a que no siempre tenemos tan en claro lo que queremos, a veces descubrimos y definimos mejor lo que deseamos cuando alguien propone una idea opuesta. Esto también nos ayuda a autodescubrirnos, a aprender de nosotros mismos, así como a desarrollar nuestra paciencia y tolerancia.

Saber que no porque alguien quiera hacer algo distinto está equivocado: simplemente le apetece algo diferente y hay que aceptarlo también, sin molestarse. Practicar la tolerancia, en estos casos, es muy sano y nos ayuda a tener una experiencia más positiva. Tener en claro que no debemos fustigarnos porque alguien quiera algo distinto es fundamental, así como aceptar que deberemos, en un grupo, adecuarnos a ritmos y estilos diferentes de los nuestros, pero sabiendo que en algún momento los propios también serán atendidos – y si así no ocurriera, deberemos tomarlo como una buena oportunidad de aprendizaje sobre cómo hacerlos valer.
El grupo, asimismo, nos brinda seguridad y la sensación de protección, que en muchos casos desempeña un papel fundamental en teñir nuestra experiencia de manera más positiva. Tener a quién contarle lo que vimos y experimentamos en tal o cual momento en tiempo real es también un plus, que en el caso de un viaje en solitario se realiza después de manera extemporánea, o puede canalizarse por escrito mediante correspondencias, o también (mi favorito) con un blog como herramienta donde expresar la necesidad de comunicación.
Un consejo que puedo dar al viajar acompañados de otros: es una buena idea dejar ciertas normas en claro para evitar malentendidos o problemas de “convivencia”, sabiendo que, igualmente, no estamos exentos de que esto ocurra y hay que dejarlos fluir, sin resistirlos ni pelearnos con esos mismos problemas, porque son naturales y es como pelearse con la lluvia. Hagamos saber de antemano lo que sintamos que necesita aclararse, lo que deseamos, pero también demos la oportunidad a la espontaneidad y lo que vaya surgiendo, sabiendo que todo puede solucionarse hablándolo.

Ambas formas de viajar tienen sus ventajas y desventajas, y la que elijamos dependerá del objetivo de nuestro viaje, del momento de nuestra vida y de factores y preferencias personales. Podemos realizarnos las siguientes preguntas para determinar cuál elegiremos en nuestro próximo destino:

 

Cuando ocurre un imprevisto, ¿me siento más cómoda/o buscando soluciones sola/o, o necesito del apoyo de un grupo?

  • En el destino al que iré, ¿será más conveniente estar acompañada/o? ¿Prefiero tener la colaboración de otros para la elección de actividades y detalles (lugar donde dormir, comer, etc.)?
  • ¿Me siento más a gusto siguiendo a un equipo, o estableciendo mis propias normas? ¿Cómo me organizo mejor?
  • En este momento de mi vida y en esta etapa, ¿quiero/necesito pasar más tiempo conmigo misma/o para explorar mis sentimientos?

Independientemente del hecho de viajar solos o no, mi principal consejo es seguir nuestra intuición, antes y durante el viaje: si sentimos que algo no va bien, mejor no hacerlo. Hagas lo que hagas, procura que te haga sentir bien y feliz.

Ambas opciones de viaje, solos o en grupo, son enriquecedoras como experiencias para tener en la vida del nómada y viajero, y es una pena perderse de cualquiera de las dos. Pueden disfrutarse en distintos momentos, porque ambas son necesarias como aprendizaje y para el crecimiento personal. Y lo más importante: ambas tienen la potencialidad de sacarnos de nuestra zona de confort, por lo cual estamos obligados a aprender. Puede que nos dé miedo, pero como dice mi frase favorita de los viajes y que me acompaña mentalmente como mantra en todos: “Si te da miedo, hazlo con miedo”.

En mi próxima nota, te contaré estrategias sobre cómo podemos evitar el “bajón” al regresar de un viaje, por lo que si tienes alguna pregunta, sugerencia o tema que te gustaría que desarrolle, no dudes en hacérmelo saber a mi correo y vuelve a visitarme por aquí: ¡me encanta recibir vuestros mensajes!

¡Hasta la próxima, Alma Nómada! ¡Felices viajes!

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Alejandra de Picciotto
Alejandra de Picciotto, cuyo pseudónimo literario es Alura, es una nómade del Cielo. Nacida en una pequeña localidad del oeste suburbano de Buenos Aires, en Argentina, actualmente se desempeña como Auxiliar de Vuelo, aunque su primera carrera fue como Docente, Profesora de Inglés, que sigue ejerciendo simultáneamente de distintas formas. También es Coach, escritora y bloggera en www.aluratravels.com . Cuando no está volando, está tratando de cumplir sueños en la tierra, porque tiene la gran convicción de que los sueños se han hecho para cumplirse. "Amo las historias de sueños cumplidos" :)

10 Comentarios

  1. Me gusto mucho este artículo y tener muy en cuenta viajar solo o no, creo q esta muy bien desarrollado y muy claro.
    Gracias Alejandra!!!!

  2. Leí el artículo sobre viajar solos o no y me resulto muy provechoso, lo tendré en cuenta para mi próximo viaje. Muy bueno el articulo.
    Muchas gracias Alejandra!!!

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