Una vez al mes

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Me levanto de la cama con desgana. Hoy es uno de esos días en los que el sueño supera a la motivación. Hago una lista mental, como recordatorio, de todas las cosas que tengo que hacer hoy, y me parecen muchas.

Me cuesta decidirme a la hora de elegir qué ropa ponerme, estupendo, hoy no me siento guapa.

Coincido con mi marido en la cocina y me pide, por favor, que me ocupe de tres cosas más en el día de hoy. Ya es definitivo, hoy no va a ser un gran día. Un incipiente mal humor comienza a aflorar a mi superficie. Como considero que esto entra dentro del régimen de gananciales, decido compartirlo con mi amado esposo.

Hoy mi jefe ha estado especialmente insufrible. Yo esperaba, rectifico, deseaba tener un día tranquilito. Pues no, más trabajo que ningún otro día. Quien me mandaría a mi trabajar en banca.

Llega la hora de comer y nada ha cambiado, al menos no a mejor. Decido tomarme en la empresa mi comida supersaludable y me siento orgullosa de mí por unos breves instantes. Después, el hambre hace mella en mi estómago y salgo como loca a buscar algo más. No vuelvo a ser plenamente consciente de mis actos, hasta que me he zampado media tableta de chocolate. Ala, ¡a la porra el estilo de vida saludable! Y mi mal humor sigue creciendo como si fuese una ola en pleno temporal.

Salgo de trabajo y me cuesta tres vueltas al barrio encontrar el coche. -¿Dónde demonios lo he aparcado? Los astros se alían contra mí.

Cuando por fin lo encuentro, me subo y, como una posesa, comienzo a hacer un recado detrás de otro. ¡Y yo que quería un día tranquilito!

Por si fuera poco, ha empezado a dolerme la cabeza.

Decido dejar sin hacer unas cuantas cosas, entre ellas las que mi marido me había pedido, y vuelvo a casa.  ¡Alarma! Mi marido ya ha vuelto y tiene el semblante serio, seguro que ha tenido un mal día.  Uff, pues yo no tengo ganas de hablar con nadie.

Mi hija pasa por mi lado y me pide que juguemos un rato. ¡Lo que me faltaba! ¡No quiero jugar! Solo quiero esconder la cabeza bajo la almohada y esperar a que llegue mañana.

Un sentimiento de tristeza sustituye al mal humor, sin saber exactamente a que atribuirlo.

Me voy pronto a la cama, con mi tristeza, mi dolor de cabeza y una pregunta que se me repite una y otra vez: ¿Qué me pasa?

El síndrome premenstrual, engloba una serie de alteraciones emocionales, físicas y comportamentales, que se dan en la segunda mitad del ciclo menstrual. En algunas mujeres, este síndrome llega a dificultar nuestra vida laboral, familiar, social, etc

No es un mito, ni una invención como se creía hasta hace relativamente pocos años, es real. Tan real que una vez al mes, durante unos pocos días, un cocktail hormonal toma las riendas de nuestra vida y nos convierte en algo que no somos.

2 Comentarios

  1. ¡Hola, Eva! Es muy cierto lo que contás y lo describís muy bien. Mi Síndrome Pre-menstrual es a veces muy largo en el tiempo, y ha llegado a preocuparme tanto en un momento que acudí a mi ginecóloga… Lamentablemente sigo buscando alguna especie de solución que no sean hormonas o remedios, que es lo único que por ahora me ofrece la medicina de mi país, o los médicos con los que me cruzo. Así que sigo intentando dar con un médico que me pueda ofrecer otra cosa y que, además, me genere el efecto deseado…
    Como bien decís, no es una invención y nos afecta mucho la vida. En mi caso, lamentablemente a veces me dura más que unos pocos días, y no solamente siento que no soy yo, sino que además siento mucha angustia, tristeza, pesimismo, desasosiego… y cuando se termina, veo la vida de otra manera, y ahí me doy cuenta de lo que me estaba pasando, y que tenía que ver con lo hormonal… Es muy llamativo cómo las hormonas gobiernan nuestro ser…
    Cuando era chica no entendía por qué a veces, durante algunos días, me sentía nerviosa, inquieta, me costaba dormir de corrido… Con el tiempo, empecé a aplicar la observación y la introspección, hasta que, sacando cuentas, empecé a asociarlo con los días previos a mi período menstrual. Con el tiempo, el dolor y las molestias abdominales o corporales (a veces en la parte baja de la espalda, a veces en forma de dolor de cabeza, pero en general en la pelvis) fueron disminuyendo, y ahora a mis 34 años casi no me duele, por suerte. Pero se me han prolongado los días de malestar anímico, y eso es lo que más me molesta y afecta mi vida, porque al dolor puedo aliviarlo con un analgésico, pero a lo anímico no sé aún cómo. En esos días siento que me estoy olvidando de algo, que hay algo que necesito buscar o hacer, y no sé qué es. Lo relacioné con la actitud de las perras cuando hacen pozos, pero no sé si tendrá algo que ver… Es una sensación muy extraña. También estoy muy susceptible, sensible (más que lo normal) e irritable. En mi continua búsqueda por mejorar mi calidad de vida, estoy por comenzar un tratamiento de oxigenación del cuerpo (llamado “ozonoterapia”, pero no la versión estética, sino el tratamiento médico) que espero que me ayude con esto, ya que de otra forma, más de la mitad de cada mes me la pasaría mal, y es una pena… es la mayor parte de mi vida. Cuando lo comience, te contaré mis resultados. Mientras tanto, lo que siempre recomiendo es poder escribir los sentimientos en algún lado, plasmarlos, y observarse a una misma, conectarse con lo que sentimos, y, en la medida de lo posible, respetar nuestros deseos: si queremos comer un poco más, comamos (a veces puedo aumentar hasta dos kilos, por retención de líquido y más apetito que me obliga a comer más, pero luego los bajo); si queremos dormir, siempre que podamos, hagámoslo. Observándonos podremos descubrir varias cosas de esos días.
    Yo suelo darme cuenta en esos días qué relaciones están ya caducas o qué actividades ya no me hacen feliz y no quiero realizar más. Son días en los que tomo decisiones. Cualquiera podría decir que es mejor no tomarlas en esos momentos por “no ser yo misma” y sentirme mal, pero yo creo que es al revés: las tomo y luego no me arrepiento sino todo lo contrario. Así que uso esos días para eso.
    Desde chica me sentía mal por este problema y me costó mucho aceptar que por ser mujer me ocurría esto… Me costó aceptar mi feminidad, y aún hoy a veces reniego de ella. Me cuesta aceptar que me ocurre esto y me resulta difícil no relacionarlo con el hecho de ser mujer, y entonces me cuesta aceptarme, me cuesta aceptar que soy mujer y tengo este síndrome que no me genera lindas sensaciones.
    Hace poco descubrí estos dos sitios que me han ayudado un poco con este tema: https://soy1soy4.com/ y https://www.elcaminorubi.com/. Su creadora nos dice que el problema no somos nosotras ni nuestra menstruación sino quien menstrúa en esta sociedad, que no ayuda en nada a aceptarnos. Yo le escribí para contarle lo que a mí me ocurre con este síndrome y me condujo a un texto que escribió ella al respecto en el que dice que el malestar anímico de esos días muchas veces esconde algo más profundo: una relación que ya debe terminar, una decisión que estamos posponiendo y necesita tomarse, algo que no estamos aceptando o perdonando… Quizás tiene razón y vale la pena leerla.
    ¡Ojalá te ayude a vos también! Necesitaba compartir esto que me ocurre y aproveché tu texto para hacerlo: muchas gracias por escribirlo y generar este espacio 🙂
    Te mando un abrazo desde Argentina!
    Tu colega de la sección de Viajes 🙂

  2. Gracias por tus comentarios, Alejandra. Si te sirve de algo, hubo una época en que las Flores de Bach me fueron muy bien pero las dejé porque había que estar todo el més tomándolas. Besos.

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