Una realidad oculta en la Universidad

0
309

Cada día, miles de estudiantes se levantan y se dirigen a un lugar común, la universidad. La universidad es una sociedad en miniatura, con unas reglas y una cultura. En muchos casos, lo que más gusta de esta experiencia es la llamada “vida universitaria”, una vida con nuevas experiencias y llena de esperanzas de futuro. La universidad es ese lugar en el que los sueños y el esfuerzo se unen para fomentar el conocimiento, las ideas propias, la conciencia crítica y la innovación. Pero ¿se da realmente esta innovación en todos los aspectos?

Cuando un nuevo alumno llega a una universidad, su cabeza está llena de ideas, de expectativas. Cree que se ha acabado esa oscura época de estudiar materias que no le gustaban o aportaban, espera instalaciones modernas, profesores comprometidos, equipos modernos… Esas expectativas se ven superadas por la realidad. En algunas universidades, ninguno de estos ideales se cumple.

Mirando más lejos de las instalaciones anticuadas, hay problemas mucho más graves. Los currículos de determinadas carreras están atrasados, poco actualizados y, en algunos casos, obsoletos. Los profesores no están motivados, algunos  llevan dando clase veinte años, pero este no es el problema. Si un docente lleva dando clase veinte años y ha ido adecuando su discurso a medida que los años pasan, no solo aporta la actualidad y la innovación, también aporta la base solida que solo la experiencia puede dar.

Pero algunos de estos docentes, escudados tras la famosa libertad de cátedra, exponen discursos obsoletos y desfasados, marcados de ideología personales no relevantes y abusando de su poder como docente. Muchos docentes no solo no fomentan la conciencia crítica de los alumnos, sino que pretenden erradicar cualquier ideología contraria a la suya, creando una “dictadura” dentro de las aulas, en la que los alumnos son sometidos con la amenaza de un suspenso flotando en el ambiente.

¿No debería ser la universidad un terreno fértil para las ideas y la conciencia crítica? Cualquiera que pase en la facultad más de dos días se dará cuenta de que esto no se cumple. El currículo se ha adaptado a un plan que, en su ideal, prometía acabar con la dictadura de las clases magistrales a favor de la creación del conocimiento por parte del alumno, con técnicas modernas, más prácticas y creando profesionales competitivos. Esa es la palabra clave, prometía, porque en la realidad, solo el currículo ha sido adaptado.

Los profesores siguen dando el peso de la asignatura en las clases teóricas, realizando en muchos casos practicas inútiles, solo con el objetivo de cubrir esa “tediosa” exigencia del plan que les ha sido impuesto. En esta lucha invisible de los docentes, que de manera (se supone) no intencional buscan seguir dando las clases magistrales a las que están acostumbrados, con un plan que no se adapta a las características reales de la escuela.

¿Cuántas veces los alumnos hemos realizado prácticas de aula inútiles? ¿Cuántas veces hemos realizado “trabajos” o “exposiciones” sobre temas ya tratados? La respuesta es clara, demasiadas. No nos están preparando para demostrar nuestro conocimiento, nos preparan (con un exceso de conocimiento teórico que no vamos a ser capaces de asimilar) para repetir párrafos enteros de información en una hoja en blanco que después llevará una nota. Con esto solo se consigue desvirtuar el conocimiento.

Muchas personas que trabajan de aquello que han estudiado lo confirman, cuando llegaron a trabajar, estaban perdidos, no usaban nada de lo que habían estudiado y tras algún tiempo, ya no recordaban nada del conocimiento adquirido en su paso por la universidad.

Si queremos avanzar, ¿no deberíamos apostar por modernizar las universidades? ¿No deberíamos apostar por los jóvenes? Si los jóvenes son el futuro, ¿Por qué los anclamos en el pasado?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here