UNA CUOTA DE ARTE

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A la paridad le sobra la última d.; cuando se legisla para mejorar, se debe cuidar la coherencia; pero cuando se pierde el sentido del ridículo se hacen paridas. Y las del Parlamento no son bromas, ni aciertan en el remedo. ¡Vaya personal!

La paridad –mejor dicho, la igualdad- únicamente puede llegar cuando no sea preciso añadir al diario un suplemento femenino donde el objeto es el hombre -hecho que no provoca quejas ni hasta ahora ha planteado la necesidad de constituir un “Instituto del Varón”-. El suplemento se sustenta en la necesidad de atraer lectoras, pese a que el diario no está dirigido a un sexo en particular. Pues, siguiendo la tónica de la legislación del (des) gobierno hispano, si las mujeres leen menos, habrá que obligarlas. O, mejor aún (que idea) perseguir a los lectores por “machistas” para disminuir el número, lo que no solo iguala (por abajo) sino que aleja un peligro: que un pueblo informado puede ser muy peligroso para los mandantes.

Por desgracia la paridad va a consumir todavía mucha tinta, tanta como ciertos dirigentes y el oportunismo político tarden en comenzar a practicar política igualitaria, pero en serio.

Hablar de número es brindar al sol en busca de votos ignorantes o subvencionados, pues lo procedente serían los porcentajes; que, a su vez, deben estar supeditados a méritos reales, objetivos. Lejos de exigir igual número de cargos en la Empresa, en el Ejército o en política, el criterio sensato es el mérito y, dentro de él, la proporcionalidad. La igualdad solo llegará cuando nadie sea elevado, ni siquiera principalmente considerado, por formar parte de un colectivo, ni racial, ni lingüístico, ni sexual.

Pues el feminismo galopante parece no aceptar tan elemental principio justo, lógico, humano y constitucional. Ahora, en línea con otras mal llamadas conquistas –mal llamadas, porque discriminan a la mitad de la población- pretenden imponer paridad –no igualdad, no proporcionalidad– en las exposiciones públicas, en Museos y Salas de arte.

Alucin-arte.

Así que, si prosperara la demencia, tendrían que darse el mismo número de exposiciones de hombres y de mujeres. O, lo que es igual: aquel colectivo dónde haya mayor número de artistas, tendría que prescindir de la diferencia. Hay que tener el mismo número de miembros que de miembras. Los muy insensatos no se enteran que el femenino de miembro no es miembra: es chumino. Con lo chuminosos que son, ni se han dado cuenta todavía que el nombre también es masculino.

Nadie ha pedido facilidad para que todos/todas/niños/niñas, tengan las mismas máximas posibilidades de practicar arte. Simplemente, una vez más, se recurre al demagógico “principio” de que los museos programen el mismo número de exposiciones de hombres y de mujeres.

¿Qué diría la Roldana? ¿Qué dirán Carmen Laffón, Ouka Lele o tantas artistas consagradas y tan reconocidas como cualquier artista varón?

Volvemos a lo de siempre, porque la dichosa norma salida de la chistera del político oportuno -mejor dicho, oportunista- no tiene en cuenta el número de practicantes por sexos de la correspondiente disciplina. No tiene en cuenta que para igualar el número de oficiales en el ejército, habría que ascender a todas las mujeres; y ni siquiera así quedaría igualado. Igualmente, para programar el mismo número de artistas hembras y varones, habrá que dejar fuera a muchos de ellos.

Pero la demagogia es más extensa: claman por las mujeres que no tienen posibilidad de exponer. ¿Alguien puede defender –sin mentir, claro- que todos los hombres tienen esa posibilidad?

Las chuminás de la tía Carlota están muy bien pensadas… para que olvidemos los seis millones de parados, seis, y en aumento. Pero ¿ellas no tienen ningún parado, ni ninguna parada en casa? La más cercana debe ser la del autobús.

Pues, ya saben, si quieren subvención ¡háganse femeninos! (¿O bastará con hacerse feministas?) Yo ya lo era, pero con estos vaivenes… queda uno pensando, pensando…

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