El pasado viernes 5 de abril llegó a Granada Josep Almudéver, el último brigadista internacional. La facultad de políticas ofreció la sala La Pepa para que este luchador contara cómo fue su batalla contra el fascismo en España.

Una sala llena de jóvenes y no tan jóvenes, en la que algunos tuvieron que sentarse en el suelo o conformase escuchando desde los pasillos de la facultad. Sobre las seis y cuarto, un hombre ya centenario, entró con el puño en alto. Fue recibido entre aplausos con una gran ovación y, después, el público copió su gesto y gritó: “No pasarán”.

 

Josep Almudéver nació en Marsella y se crió en Alcàsser, un pueblo de Valencia. Cuando tenía 17 años, se alistó en las brigadas internacionales y al no contar con la mayoría de edad, falsificó los documentos para luchar en el bando republicano.

A través de sus palabras, Josep rememoró algunas historias personales de la guerra. Los allí presentes, podíamos sentir cómo Josep se emocionaba con ciertas partes mientras que con otras se indignaba. Con él, pudimos escuchar cómo fue la Guerra Civil más allá de los libros de historia.

Contó varios momentos en los que el público pudo escuchar de buena mano lo que pasó: la hambruna de la postguerra cuando una mañana, después de pasar la noche en un campo de almendros, vio que las almendras de la noche anterior, y las que aún estaban verdes, habían desaparecido. O el día en el que se alistó en la batería Carlos Roselli y, con su partida de nacimiento francesa, pudo luchar con las Brigadas Internacionales. O como cuando el puerto de Alicante, ya al final de la guerra, fue declarado zona internacional, aunque de internacional tuviera poco. Allí, miles de personas esperaban con optimismo a los barcos que los sacarían de España, pero cuando el puerto fue rodeado de las tropas nacionales, algunas personas se suicidaron.

Josep nos puso a todos los pelos de punta cuando contaba cómo un hombre que, después de afeitarse, se degolló y una mujer embarazada, al ver tal escalofriante suceso, dio a luz.

Josep nos hizo imaginar que estábamos entre rejas para describir cómo fue vivir en los campos de concentración de Albatera y Los Almendros. Con 19 años vio fusilar a algunos de sus compañeros donde algunos recibieron hasta cuatro tiros de gracia. Los camaradas no cesaron en su lucha y hasta el último momento dijeron frases reivindicativas como “viva la república”, “viva el socialismo” o “viva el comunismo” aunque sabían que su final estaba fosas comunes. Contó también su experiencia dentro de las cárceles de la Modelo y Aranjuez y añadió las anécdotas de los partidos de fútbol, las clases de esgrima o las obras de teatro que a veces hacían. En todo momento, Josep mostró su descontento con un “qué hijos de puta” con el que todos estábamos de acuerdo.

Cuando salió en libertad condicional, volvió a su pueblo, y para sorpresa de algunos que lo daban por fusilado, seguía vivo. Lo que buscaba en su pueblo fue trabajo, pero lo rechazaban porque había luchado en las brigadas internacionales y sólo cuando se casó, pudo hacerlo. Cuando se alistó a la Agrupación Guerrillera de Levante, su mujer se enteró de que lo iban a fusilar, como a sus otros camaradas, así que pidió un permiso para que su marido se marchara a Barcelona a trabajar. Allí consiguió asilo durante unos días y, tras burlar a las patrullas de la Guardia Civil mientras iba en el tren, consiguió cruzar la frontera después de saltar de un tren en marcha y caminar durante tres días sin comer. Finalmente, llegó a Francia y no volvió hasta el final del Franquismo en 1975.

Josep quiso hacer hincapié en algunos aspectos de la guerra como que “hay que olvidar que en España hubo una guerra civil” puesto que el bando sublevado estaba formado en su gran mayoría por hombres que no eran españoles. Otra gran frase de Josep Almudéver es que “mientras haya capitalismo, no habrá humanidad”.

 

Finalmente, se abrió una ronda de preguntas donde el público preguntó sobre si conoció a las figuras de Negrín y la Pasionaria, cómo era la vida en el frente y cómo es su vida ahora. Otras preguntas fueron más contemporáneas como su opinión sobre la ley de Memoria Histórica, los gillets jaunes de Francia o qué opinaba del auge del fascismo actual a lo que respondió con un “no comprendo cómo la extrema derecha vuelve a salir”.

Además, Josep dio un último mensaje inspirador: “espero que la juventud traiga la tercera, porque lo merece España y espero que haya una reconciliación nacional”.  

Muy a nuestro pesar y dejándonos un sabor agridulce, la conferencia llegó a su fin. Entonces, se produjo en este momento un déja vu puesto que se acabó como empezó: público en pie, puño en alto y un fuerte aplauso para un hombre ya mayor que en ningún momento dejó que nadie le bajara el puño.

 

 

Información sobre las brigadas internacionales.

 

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Blanca Olivares
- Jefa de redaccción de Revista LOA - Filóloga francesa -

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