Sueños pasionales

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Acaricio su voz, noto la tersura de sus palabras, veo como le brillan los ojos, en este momento todo lo ocupa él, todo lo llena en mí. No existe otro mundo, no hay nada más allá de nosotros, de nosotros cinco; a su lado ella, con la tímida intención de querer entrar en el juego, de dar un paso, de unirse.

Como siempre, de forma ordenada pero con el desorden de quién antepone el deseo, cada uno participa y las miradas se cruzan, el aroma descarnado de ir contracorriente, la sensación de atravesar la realidad, la crudeza de tocar lo más burdo, lo más bajo y profundo del ser humano, nos empuja una y otra vez a los mismos actos, a emplear la misma fuerza desgarradora y penetrante, impureza castigada por una sociedad cada vez más arcaica y reprimida.  

Es nuestro pequeño mundo secreto: agitación, excitación, pasión, deseo; un mundo al que todo lugar pertenece, en el que toda persona pueda entrar, pero… en que solo estamos cinco. 

Ellas se agitan y desesperan, nosotros nos enardecemos e impacientamos. Pero es que urge. Estamos a punto de estallar, de explotar, de inundar con nuestros efluvios pasionales las más profundas concavidades y grutas donde lo pecaminoso se une a la entrega absoluta.

Urge cambiar las costumbres ancladas en tradiciones inhumanas; urge cambiar las leyes que se anteponen a las personas; urge mirar a los ojos; intercambiar palabras; abrazar; urge ser persona; urge el respeto y nuestras palabras chocan, nuestras acciones se precipitan.

Y hoy solo somos cinco, pero esperamos que en esta orgía de ideales, en este ardor, en esta enardecida exploración de los instintos más bajos, por humanos, se unan quienes solo quieren amar por encima de justificaciones, de apologías, de corrientes ideológicas, de actos vacíos y representativos, de fronteras y colores.

Ayer fue, estando en primera línea, el formar parte de la paralización de un desahucio, hoy la lucha contra la destrucción de nuestro planeta, ¿mañana? te extiendo una alfombra de razones irracionales para que elijas: Ablación, violación, matrimonios precoces, desempleo, desahucios, agresiones homofóbicas, racismo, incultura, asesinatos, droga, falta de asistencia sanitaria, desnutrición. ¿Quieres más? ¿es necesario que gastemos dinero en un anuncio, para que veas la cara sin expresión, los ojos vacíos, el cuerpo desnutrido, para que des un paso adelante? ¿Es necesario que tengamos que pagar a la televisión para que veas que a tu vecino lo echan de su hogar? ¿Qué una mujer es maltratada? ¿Qué un niño es humillado?

Lo más probable es que el morbo te haya empujado a seguir leyendo este artículo, estas palabras, ¿Te lo has planteado? ¿Realmente eres así? o ¿te han empujado a través de los medios, de la televisión, de los escaparates, a recubrirte con una armadura que esconda tu humanidad, y que antepone lo superficial al sentimiento?

Creo en ti, siempre he creído; y he justificado tu inconsciencia, ese mirar para otro lado; esa aparente hipocresía que te ancla en el sillón y te empuja a dar una limosna a la ONG que a través de imágenes preparadas -como la fotografía de un niño ahogado en la playa- para conmoverte lava tu conciencia hasta la próxima campaña. Pero sé que algún día te levantarás y apagarás la televisión, y lucharás, y verás la verdad.

Creo en ti y te llamo a través de esta revista, a través de las acciones que emprendemos, a través de este trabajo silencioso que grita.

Únete y goza, disfruta ahondando en tus pasiones, ensúciate con tu humanidad, siente la piel, el aire, los besos sin plastificar en la pantalla del wattsapp. Creo en ti y alargo la mano para que te reveles.

Eres Humano, no lo olvides jamás, sé consciente de la brisa y de una caricia.

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