La pregunta correcta en éste caso sería siempre si se debe. Fútbol y política forman un binomio indisociable, el fútbol es política en cuanto a que es un acto social, sin lugar a duda el que más repercusión tiene, ya que cualquier movimiento futbolístico, ya sea un fichaje, un partido, un torneo, tiene una trascendencia política.

A lo largo de la historia podemos ver muchos ejemplos de ésto. En la Rusia imperial la clase aristócrata más cercana al Zar lo veía como un elemento extranjero mientras que la creciente burguesía lo asume como un símbolo de modernidad y apertura a Occidente para que finalmente el Ejército Rojo lo adoptara como método para tener a las tropas en forma y su consiguiente popularización entre las clases obreras.

En Francia intentó usarse para popularizar el cosmopolitismo en las colonias y sirvió para que muchos jugadores argelinos se fugaran del país para fundar su propio equipo y beneficiar las causas del Frente de Liberación Nacional. En la Argentina del General Videla se usó la Copa del Mundo para dar una imagen de cohesión y limpiar el régimen y se logró en cierta medida, ya que mientras hay protestas en las gradas y boicots de otras selecciones y grupos con múltiples consecuencias, encarcelados y carceleros del régimen se abrazaban con cada gol de la selección.

Cómo estos hay mil ejemplos más, los tres goles de Argentina a Inglaterra en pleno conflicto por las Malvinas, las treguas durante las Grandes Guerras para jugar al fútbol por Navidad o la constante rivalidad entre las dos Alemanias mientras el Telón de Acero estuvo en pie.

Eso ha cambiado sustancialmente en los últimos años, con el objetivo de combatir el hooliganismo, los extremos, ultras, barras bravas y la violencia en torno al fútbol, éste ha tendido a homogeneizarse, a desvincularse de sus orígenes en busca de un encaje global que no ofenda  a nadie, es la irrupción del capitalismo en el fútbol negocio.

¿A cuantos jugadores de fútbol habéis visto implicarse o meramente dar su opinión política? Pocos o ninguno. España ganaba torneos mundiales y europeos unos tras otros mientras la crisis y la precariedad nos afectaba a la mayoría, ninguno hizo declaración alguna, cuando eran tan influyentes que podrían haber hecho reflexionar a gobernantes y gobernados. 

A finales del año pasado hubo una huelga de todos los clubes femeninos de fútbol en busca de conseguir un convenio que cumpliera ciertos mínimos, mientras los clubes de fútbol en ese afán de corporativismo abrazaban el fútbol femenino para lavar su imagen y subirse al carro, ninguna entidad ni siquiera jugador de fútbol masculino hacía declaraciones de apoyo a sus compañeras, quizás es que ni sabían de qué iba el tema.

Otro caso flagrante es el de la homofobia o el tabú en torno a las diversas  orientaciones sexuales que deben existir en un mundo tan amplio y extendido como es el fútbol. Ningún jugador de ninguna liga profesional ha dado ese paso adelante, significaría perder patrocinadores, contratos millonarios y quizás comprometerse con causas que pintan mejor ajenas al negocio. Mismo caso que con el racismo, dónde se llevan dando pasos para lavar la imagen de los clubes, pero siempre desde un corporativismo que transforma todo en un luminoso cartel donde tienen cabidas logos de empresas y federaciones con eslóganes pegadizos. Hace poco el Real Madrid jugaba con camisetas verdes biodegradables para luchar contra el cambio climático para más tarde trasladarse de Madrid a Segovia en avión para un partido de Copa.

Aún así hay clubes que intentan mantener su esencia y valores, haciendo malabares entre tener solvencia económica y seguir creciendo al mismo tiempo que perduran la esencia de sus valores y apoyan y ayudan a la comunidad de aficionados que les sustenta, se implican en numerosas causas sociales y se mojan políticamente, hay muchos y de distintos niveles, pero el más representativo es el Sankt Pauli de Hamburgo.

Hay cosas más importantes que un partido de fútbol, primeramente sus aficionados y sus problemas que son los mismos que los de cualquier otro ciudadano, la precariedad, la pobreza, el racismo, la homofobia, la discriminación… El fútbol no puede perder su esencia y convertir a sus seguidores en meros individuos de consumo.

 

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