Salud y sexualidad

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         La salud pasa por afrontar diversas dimensiones de la vida, una de ellas la sexualidad. La manera en que nos aproximamos a las personas dice mucho de nuestra salud, tanto mental como física.

            La manera que tenemos para acercarnos a las cosas, fenómenos y cosas, es parte de nuestra carga cultural, psicológica y social. Hay diversas culturas y al parecer cada una ha resuelto sus temas de la mejor manera que ha podido. Somos lo que hemos aprendido a ser.

            Sea cual sea nuestra carga como cultura o individuos, hay principios básicos que deberían resguardar la dignidad, el respeto, y la libre expresión. Beberíamos cuestionarnos las cosas hasta el punto que veamos que tienen el máximo y correcto funcionamiento.

            Es complicado hablar de algo tan delicado como la sexualidad, pero aun así, deberíamos atrevernos a decir alguna cosa sobre algo que nos es tan cercano en el día a día. Desde las pantallas de televisión hasta la publicidad en la carretera, siempre somos testigos de un bombardeo masivo de información el cual intenta influenciarnos de alguna u otra forma.

            Mi preocupación es acerca de la visión de la sexualidad que manejamos en el mundo occidental.  Es un tema muy personal y delicado como para generalizar, pero viendo todo el resultado de la industria publicitaria, me pregunto qué tipo de experiencia estética hay detrás de nuestra manera de concebir la sexualidad.

            Es un tema de salud pública el preguntarnos cómo está siendo nuestro desarrollo antropológico con relación a este tema. A todo esto me viene a la mente las reflexiones del filósofo Theodor Adorno. Las reflexiones que este filósofo hace con relación a la estética tal vez podrían darnos algunas pistas.

            Este pensador realizó diversos estudios acerca del arte y de los modos de expresión artística. Adorno nos introduce el en mundo de las experiencias estéticas, el cómo nos relacionamos con las cosas y de cómo a partir de esto construimos el mundo tal y como lo percibimos.

            De modo que la preocupación de este gran filósofo gira entorno a las cosas más básicas de la vida, la manera en que vivimos el mundo que nos rodea. Es relevante entender que el modo en que nos expresamos es condicionante de la vida que vivimos.

            Así  como configuramos nuestro ser corporal y psicológico, de la misma cualidad es lo que emanamos al exterior, la forma de movernos, el cómo sujetamos a una persona, el cómo nos aproximamos en las dimensiones más intimas de la vida…

            Reconocer los elementos que componen nuestro ser de experiencias, es tomar consciencia de la influencia que ejercemos sobre los demás. Es parte constitutiva de la salud mental y física el manifestarnos como alguien que proporciona dicha en vez de sufrimiento.

            Más allá de hablar de las razones o ideas que tienen culturas o individuos para expresarse ante el mundo y las personas, hay experiencias vitales que nos dicen lo que está bien y lo que no. El estar saludable y el dar salud y bienestar a otros es un acto que se reconoce en los hechos.

           Más allá de las tradiciones o costumbres, por muy “hermosas y sagradas” que sean, hay una parte en nosotros que nos indica si un hecho constituye una buena o mala experiencia. La mejor evidencia de que el bien es el mediador de una situación, es una cara feliz y saludable.

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