Nadie duda de que Atenas en la época previa al Imperio romano era la cuna de las matemáticas, la medicina, la astronomía y la retórica. Se puede incluso decir que la filosofía que salió de la Academia fundada por Platón creó las bases para la sociedad occidental que hoy  conocemos. Popularmente se idealiza a esa sociedad, pero también es interesante vislumbrar unos puntos que muchos omiten para ver que la obsesión con el poder sexual masculino influía en casi todos los aspectos de tal supuesta utopía.

La sexualidad es un elemento extremadamente importante en la vida de cualquier persona, y así en cualquier sociedad. La antigua Atenas no es ninguna excepción. Se conoce bastante el arte erótico de la época, como por ejemplo las famosas vasijas con representaciones de escenas explicitas, y las escapadas íntimas de los dioses olímpicos de su mitología. Sin embargo, existen trasfondos significantes de poder y misoginia que no son mencionados tan a menudo.

En general se consideran los antiguos griegos sexualmente liberales y aceptando la homosexualidad, por las muchas referencias culturales al amor entre hombres. Seguramente no es la primera vez que lees sobre la normalización de relaciones sexuales y afectivos entre hombres adultos y muchachos jóvenes, pero podemos ir más allá y ver que tales relaciones tienen más que ver con poder que con placer. Se percibe que relaciones entre hombres de la misma edad y clase social no eran bien vistas socialmente, y este hecho nos muestra que las relaciones homosexuales eran mantenidos sobretodo para asegurar una dominación física sobre otra persona, y así una dominación social. Tenían lugar muchas veces en el contexto de un maestro de un oficio con su aprendiz, por ejemplo. Nunca eran iguales en estas situaciones, el hombre mayor era el que iniciaba la relación con el joven siempre en una posición de sumisión.

Muchas personas pueden suponer que en aquella sociedad, presentada como una sociedad tan liberada, tan sexuada y tan intelectualmente avanzada, las mujeres también disfrutaban de una vida liberal. Destacamos que en la época arcaica, mujeres en Grecia podían poseer tierras y viajar, y en muchos estados tenían igualdad formativa y jurídica ante el hombre. Sin embargo, en la época clásica que la siguió, esta idea quedó muy lejos de la verdad. Las mujeres que recibieran educación para poder mantener conversaciones filosóficas o para adquirir habilidades artísticas mayormente eran prostitutas para mejor entretener a sus clientes, o en muchos casos a sus amos. Las mujeres de familias «respetables» se casaban siendo niñas y eran obligadas a quedarse en casa atendiendo a las tareas del hogar y criando a los hijos. Los hombres no pasaban el tiempo con ellas fuera de la casa y no desarrollaron relaciones intelectuales ni sentimentales con ellas porque cumplían una función meramente funcional. Mientras, el disfrute, la vida social y las conexiones humanas ocurrían con prostitutas o con otros hombres.

Entre mujeres a quienes les negaron toda posibilidad de tener vida social ni de  desarrollarse en ámbitos educativos o artísticos fuera del contexto del hogar y mujeres que eran esclavizadas u obligadas a entrar en la prostitución, no hay quien se escapó del destino de servir al hombre. Este androcentrismo está bien ilustrado con las representaciones de penes erectos y exageradamente grandes en vasijas, grabados y estatuas.

El falo es un símbolo de la fuerza masculina en muchas culturas, como por ejemplo en la sociedad hindú donde uno puede encontrar «lingams», formas fálicas hechas de piedra o cerámica en cada templo. En el caso de los lingams, siempre están acompañados por yonis, piletas redondas con agua que rodea al lingam. Las dos estructuras en conjunto simbolizan la unión del masculino y femenino, ya que ambas fuerzas son necesarias para la creación y la vida. En el caso de los Griegos, no hay ningún equivalente que representa la energía femenina. Su ausencia entre tan alta prevalencia de representaciones fálicas muestra como las mujeres y todo lo femenino eran negadas en prácticamente cada aspecto de la sociedad.

Personalmente me considero una gran amante de la mitología griega y muchas obras literarias de la época. No obstante, me parece que estas reflexiones nos pueden proporcionar claridad sobre un asunto que hoy en día sigue siendo relevante. Estamos viviendo en un mundo que se basa en gran parte en las ideas que salieron del Acrópolis. El mismo Aristósteles se puede argumentar que era un gran pensador en muchos aspectos, pero no debemos olvidar que también dijo que las mujeres, los esclavos y los animales son de los hombres libres.

El poder y la dominación del hombre sobre la mujer sigue siendo motivo para muchos tipos de violencia que son muy presentes en nuestra sociedad. Obviamente las mujeres ahora disfrutamos de muchos más derechos y libertades que en aquellos tiempos, pero seguimos
luchando contra una represión social que se mantiene a través de relaciones sexuales desequilibradas. Si entendemos que la sociedad que proporcionó que ahora tengamos las primeras pautas para la política, justicia, literatura, arquitectura, etc. era una sociedad hecha por hombres y para hombres y que utilizaban la sexualidad para tener a las mujeres en posiciones funcionales, quizás podemos entender porque el desequilibrio entre sexos y la violencia estructural están tan arraigados en la sociedad moderna.

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