REALISMO MÁGICO

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Caminaba por las calles sin rumbo, tan solo buscaba pasear, salir de casa. Recorría las calles más concurridas buscaba en la mirada de las personas historias que poder contar.

Se paró frente a un quiosco y ojeo algunas publicaciones periódicas, de pronto se dio cuenta de que en ellas había encontrado todo lo necesario para sus historias, un artículo le llevaba a otro y relacionando conceptos, épocas y personajes. Todo comenzó a dar vueltas y entro en una espiral de noticias, titulares y párrafos que comenzaban a tener sentido. En un instante todo paro, recobro la calma, pero ya no se encontraba frente aquel quiosco. Estaba en una calle más oscura y llovía, estaba rodeado de gente vestida con tonos oscuros, grises y negros capuchas y paraguas que impedían diferenciar la cara de los viandantes. Todos caminaban de manera apresurada, con paso firme y decidido pero con los hombros caídos. Avanzo a lo largo de la calle buscando alguna señal que le indicase donde se encontraba, que era ese lugar. No había tiendas ni bares, tan solo altos edificios grises de producción industrial. Al girar en una esquina distinguió un letrero a lo lejos, aún no podía leer lo que ponía en él. Corrió hasta esa pared que designaba indicios de otra época. En letras grandes y rojas decía así:

13 de diciembre de 2011: el virus ya ha afectado al 85 % de la población, ya no constan arrebatos de rebeldía. La adicción creada por el virus funciona a la perfección.

Tras leer este letrero entro en pánico, intento alejarse de todos con los que se cruzaba chocando con la marabunta que caminaba de un lado a otro. Encontró un callejón donde no había nadie. Intentaba calmarse y convencerse a sí mismo de que todo esto no era real, tan solo un maldito sueño del que deseaba despertar. De pronto una voz, tenue, esquiva: “tss tss tu

Era un hombre corpulento apoyado en la pared a diez metros de él. Se acercó lentamente mientras el hombre lo llamaba desesperadamente. Al llegar hasta él le empotro contra la pared y le metió en una casa. Una vez dentro descubrió su rostro, era un hombre adulto pero no sobrepasaba los 40. Tras unos minutos de presentaciones y confusión le comenzó a explicar lo sucedido:

Hace unos años el gobierno introdujo una toxina en la red de aguas públicas, esta toxina producía una adicción al engaño, así como lo oyes, en poco tiempo la mayoría de los habitantes estaban infectados, aun quedamos algunos gracias a que nuestro cuerpo rechazó la toxina. La gente no siente nada y continua con su vida normal, tienen trabajo, familia, amigos. Todo es como antes salvo que son adictos al engaño político. Cada cuatro años, cuando se celebran las elecciones vuelven a votar al partido con más casos de corrupción de la historia, para ser exactos 835 imputados van ya por corrupción.

Durante las elecciones, les prometen muchas cosas que luego no cumplen y la gente sigue saliendo a manifestarse por ello, pero por la toxina, se han hecho adictos a eso precisamente, a la sensación del engaño. Antes solíamos pensar que era pereza política, la gente votaba y después se quejaba pero sin ninguna intención de cambiar las cosas. Ahora sabemos que es la toxina. ¡Son adictos! Necesitan sentirse engañados y protestar por ello. Pero cuatro años más tarde cuando llegan las elecciones de nuevo sale ganador el mismo partido. No lo pueden evitar.

Alucinado por lo que acababa de escuchar pregunto: ¿no hay ninguna vacuna?

Si la hay respondió, los que quedamos trabajamos en ella, el problema es que la vacuna solo funciona en los más jóvenes, son ellos los que tienen las células preparadas para el cambio. Tenemos que hacer algo ya, esto no puede seguir así respondió.

De pronto las luces de la habitación comenzaron a parpadear, se tambaleaba en la silla como un muñeco, todo se puso borroso y cada vez escuchaba más lejos la voz de aquel hombre, los tonos grisáceos y negros desvariaron en un sinfín de colores hasta llegar al más puro blanco y…

De nuevo estaba frente al quiosco, como si nada hubiese ocurrido, se encontraba de pie junto al vendedor, en la mano un periódico cuyo titular rezaba:

“Un nuevo imputado en la trama Gürtel”

Sonrió, tiro el cigarro, dejo de nuevo el periódico en su sitio y continúo caminando diciendo entre dientes:

¡Ala! otro más que nos roba, ¡esto no puede seguir así!

 

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Jairo Martin
Jairo Martín nacido en Valladolid, España en 1992. Cursó estudios de filología hispánica en la Universidad de Valladolid. Es profesor de español como lengua extranjera y escritor por obligación. "Es la pluma intrépida quien me obliga a emborronar de sueños páginas en blanco". Viajero infatigable en busca de nuevas aventuras, culturas y defensor de los derechos humanos y la justicia.

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