Querido desierto

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Querido desierto, te escribo esto sentada en tu caliente arena. Aquella misma arena que piso hace 24 años. Son 24 años visitándote cada verano. Son 24 años observando a mí alrededor como nada cambia. Solo veo el mismo color. Marrón.

Querido desierto, son 24 años mirando como tú siroco arrasa con todo lo que encuentra. Menos con una cosa, la esperanza de este pueblo.

Mi querido desierto, cuánto te he querido, cuánto te quiero y cuanto anhelo huir de ti y que los míos huyan conmigo.

Tú, has hecho que odie una palabra que adoraba, solidaridad.

Cada vez que paseo por tus campamentos veo caravanas, autobuses y miles de cosas con esa palabra y algo dentro de mí se remueve.

Mi querido desierto, el mismo que cobija a los saharauis bajo su manto de las mil estrellas, aquellas mismas estrellas que cuando salen remueven pensamientos.

Son 24 años que cada vez que me separo de ti creas en mí una profunda nostalgia. ¿Qué tendrá tu color marrón que hace que siempre quiera regresar?

¿Será esa sensación de querer volver, de querer sentir, de querer ser?

Mi querido desierto, eres arena viento y olvido. Aquel inhóspito lugar que de vez en cuando dejaba de existir.

Eres esa mancha de tres colores en mitad de África, lugar de medias verdades y mentiras infinitas.

Mi querido desierto, son 24 años viendo cómo te convertías en aquel lugar donde el viajero siempre volvía, sin saber el cómo ni el porqué, pero siempre volvía.

Son 24 años viendo cómo te convertías en un sitio que gritaba a media voz.

Mi querido desierto, aquel que grita en silencio en forma de libertad.

Solo te pido una cosa, grítale al mundo lo triste del desterrado. Grítale a los ojos que no quieren ver lo triste del exiliado.

 

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