Querida abuela

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Siempre me han preguntado mis amistades cuál ha sido el amor de mi vida y al contestarles que no era un chico se extrañan; el amor de mi vida es mi abuela. Con estas líneas, más de un saharaui se sentirá identificado, porque para nosotros nuestras abuelas son el bien más preciado que tenemos. El amor de mi vida es mi abuela y todas las abuelas saharauis. Cómo todas ellas, mi abuela salió huyendo de su tierra con tan solo 30 años y con 9 hijos detrás de la espalda.  No me puedo hacer a la idea de cuan duro tuvo que ser despedirse de su familia y su tierra dejando atrás años y años de recuerdos que ahora son encarcelados y ocupados.

Tengo la manía de acostarme entre sus brazos, en donde todavía me siento niña, y contemplo sus arrugas, las arrugas que llevan escondidas mucha historia. Ella tiene la manía de pasar sus dedos entre mi pelo y contarme historias antiguas del Sáhara, de recordar su vida ahí. Me fascina no ver en su mirada rencor ni tristeza. Todavía veo en sus ojos esperanza y entre historia e historia me la intenta inculcar a mí.

Quiere que siga sus pasos, necesito seguir los pasos de una mujer luchadora y fuerte que ha levantado con sus propias manos un campamento de refugiados, que ha levantado a tres generaciones de familia.

Mi querida abuela, mi biblioteca andante y la llamo biblioteca andante porque eso es lo que son para nosotros nuestros abuelos. Tienen infinitas historias para cualquier momento, historias que junto con el ritual del té se convierten en el mejor momento del día; para mí ese es el mejor momento, acostarme entre sus brazos, sentirme la niña de 6 años que un día se fue para poder buscarle un futuro mejor y regresar a por ella. La niña de sus ojos que la quiere, ama e idolatra tanto como las arrugas que cubren su cuerpo.

Cuando me fui de su lado le prometí que volvería a por ella y todos los años cuando acaba mi maravilloso verano con ella, me recuerda la misma frase: “Acuérdate de volver”

Porque sé que estaré entre muchos mundos, y siempre, siempre que quiera sentirme en casa, solo me hace falta volver a sus brazos.

Sed eternos abuelos y abuelas, sed nuestra esperanza, volveremos, volveremos a vuestra anhelada tierra.

 

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