Pues ahora no quiero yo

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¿Cuántas veces has escuchado a un niño decir esta frase?

  • Mami, cómprame una piruleta.
  • No, ahora no, que vamos a comer.
  • Va, por favor.
  • He dicho que no.

El niño pone cara de cabreo y la madre al rato dice:

  • Venga va, te compro la piruleta.
  • Pues ahora no quiero yo.

Típica actitud de niños que se les perdona por eso mismo, por ser niños. No obstante, los protagonistas de este artículo no son precisamente los niños, sino las madres y padres.

Ya van unas cuantas, las veces que he escuchado:

  • (Yo) Oye, ¿dónde tiro esto? ¿Aquí recicláis?
  • ¿¡Reciclar!? Sí claro, encima que me cobran la tasa de reciclaje, voy a reciclar. Antes reciclaba, pero ahora soy yo el que no quiere. ¡Venga ya hombre!

Y cada vez que lo escucho no puedo evitar acordarme de ese niño que discute con su madre. También me recuerda al “ahora me enfado y no respiro” que dicen algunos adolescentes cuando algo no les parece bien.

Ese enfado, sin embargo, tiene una solución. La famosa tasa de reciclaje se propuso en su día a causa de la inmensa cantidad de residuos que se produce en un municipio en un día. No os podéis imaginar la de basura que generamos. No tenéis ni una idea. Además, todos juntitos, en el mismo saco, para darse amor.

Lo que ocurre es que en muchos consorcios de recogida de residuos están obligados a separar los residuos. Esto es, separen o no los ciudadanos, el consorcio tiene que entregar los residuos separados, cada uno a su contenedor. Para ello, visto que a mucha gente le da igual el tema del reciclaje (que obviamente no es una solución, pero sí una ayuda, aunque de esto ya hablaremos otro día), los consorcios tienen que instalar plantas separadoras de residuos. Estas son plantas donde llega todo lo que se ha volcado en los contenedores de basura general (de resto, para ser más técnicos) y lo separan para destinar cada tipo de residuo a su contenedor correspondiente.

En definitiva, hay mano de obra e instalaciones que hacen lo que cada ciudadano con un simple gesto podría hacer en su día a día. Y todo eso, claro está, cuesta dinero a las instituciones, dinero que te cobrarán según el peso de la basura que eches al contenedor de resto. Por ejemplo, si en un mes, un municipio (o un conjunto de municipios) ha acumulado 800.000 kilos de basura y al consorcio le cuesta 8 €/kg separarla (datos inventados), el coste total es de 6.400.000 €, que habrá que repartir entre todos los habitantes de la zona en cuestión. ¿Por qué? Porque han sido ellos los que han generado esa cantidad. ¿Qué podrían haber hecho? O bien reducir la cantidad de residuos que compran y, por tanto, producen, o bien separar los residuos y quitarles ese peso a las plantas separadoras y reducir el precio de la tasa de reciclaje.

De lo que estoy totalmente seguro es que diciendo “Sí claro, encima que me cobran la tasa de reciclaje, voy a reciclar”, no vas a evitar la tasa de reciclaje. Ni siquiera a bajarla. Razonemos, por favor. Seamos adultos.

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