Me desnudé,

entre esas pieles soleadas e incentivadas por desórdenes

químicos y físicos.

Sentí al viento guía,

tranquilo,

y me tranquilicé

como si fuese un río,

un río con vida.

Del que hablan los que llevan la meditación en las venas.

Sumergida en sangre limpia

y más violeta que roja

trepé por la red

la red intacta

de lo que me liberaba.

 

Y por un instante

Cerré los ojos

Y fui ese río.

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