A las puertas de la cumbre climática en Madrid, quiero recordar que la Tierra no es para depredarla sino para cultivarla. En este sentido la Biblia desde su comienzo señala que el hombre ha sido puesto en la Tierra como en un jardín para cultivarla.

Albert Schweitzer fue un médico suizo que dedicó su vida a la solidaridad con los demás y con la creación, y dijo: “Yo soy vida que quiere vivir en medio de vidas que quieren vivir”. Es una voluntad de vivir abierta a todo y a todos. Señala que el “bien consiste en conservar la vida, desarrollarla y elevarla a su máximo valor; el mal consiste en destruir la vida, perjudicarla e impedirle desarrollarse. Este es el principio necesario, universal y absoluto de la ética».

No se trata sólo de denunciar los desastres de un campo climático, ni tampoco solamente impedir que la tierra, nuestra casa, se transforme en un inmenso basurero. El papa Francisco señala que nuestra casa común es como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y una madre bella que nos acoge entre sus brazos; esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable.

La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharla en medio del ruido constante, distracciones y ansias por el culto a la apariencia? Solo con una idea de amorosa consciencia, de no estar desconectados de las demás criaturas, y así formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal, reconociendo los lazos que nos unen a todos los seres.

 El citado Albert Schweitzer añadía: “mi vida no es ni la ciencia ni el arte, sino hacerme un simple ser humano que, en el espíritu de Jesús, hace alguna cosa, por pequeña que sea”. Quiso llevar el Sermón de la Montaña a nuestra sociedad. Hoy vemos un movimiento solidario cada vez más grande. Una parte de la sociedad está entrando en una etapa de mayor consciencia… para fomentar el respeto y la veneración hacia toda la naturaleza; para fomentar la compasión, la responsabilidad y el cuidado con todos los seres, especialmente, con aquellos que más sufren; para ver que todos dependemos de todos, que nadie está excluido ni sobra, que la vida vale la pena y que abarca toda la naturaleza.

Respeto a la vida que significa amor, donación, compasión, solidaridad y compartir, con-vivir y un co-sufrir con los otros. Es entender que el ser humano no es otro animal depredador, sino que está dotado de consciencia, está llamado a tener cuidado de cada ser vivo. Al realizar esta misión alcanza el mayor grado de su humanidad. Este es el gran liderazgo interior, sentirse perteneciendo a un Todo mayor. Y este liderazgo se proyecta al exterior en el cuidado de la Tierra, nuestra casa común, tratándola como una hermana, como hemos dicho más arriba, con la cual compartimos la existencia, una madre que nos acoge entre sus brazos y que clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable. «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados» (Papa Francisco).

La crisis ambiental no es distinta de la social, es una sola crisis socio-ambiental. El cultivo de ciertos valores mejorarán a la persona y la naturaleza, porque están interconexionadas. La degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas. El despertar de la consciencia llevará a cuidar la naturaleza con pequeñas acciones cotidianas, y esto dependerá de la educación en la responsabilidad ambiental, que será capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida.

Son así necesarios líderes que promuevan una educación que es siempre la raíz de todo cambio, que ayuden al despertar de la consciencia colectiva, que creen cultura, una mentalidad que impregne la economía, la política, y llegue a las distintas capas de la sociedad…

Hablar de un liderazgo que significa consciencia de misión. Contemplar el mundo que nos rodea y despertar nuestra consciencia ecológica se encuentra íntimamente relacionados. Solamente cuando podemos ver el mundo en profundidad, la belleza que es el mundo en que vivimos, podemos adquirir conciencia de cuidarlo.

Estas jornadas que tendremos en una de nuestras ciudades suponen un momento de reflexión, de diálogo y de encuentro para tomar consciencia de la necesidad de políticas de verdadera sabiduría, que no se sometan ante la tecnocracia y los intereses de algunas finanzas perversas; necesidad de una cultura donde la persona se sienta protagonista de una ecología que nos eleve por encima de una actitud que convierta la tierra en un inmenso basurero.

Es necesario tener un liderazgo con visión de conjunto y proyecto. Liderazgo que no busca protagonismo y que cesa cuando los demás toman consciencia. Liderazgo que es ayudar a los demás. Es ser consciente de quienes somos para ayudar a los demás a una contemplación del mundo que nos rodea. Y el despertar de nuestra consciencia, nuestra espiritualidad, se encuentra íntimamente relacionada con la ecología. Solamente cuando podemos ver en profundidad la belleza que es el mundo en que vivimos, podemos adquirir la conciencia de cuidarlo como se merece. Cuidado es conocer, contemplación amorosa, lo contrario del tener, del poder o individualismo. El otro es parte de mi vida, como he recordado estamos interconexionados. El enemigo social es el poder político unido al mercado divinizado. El poder corrompe, en un proceso que va desde la ambición a la codicia y ésta a la corrupción y ésta a la destrucción.

La materia está hoy sobre el espíritu, las cosas sobre las personas, la producción sobre la contemplación. Faltan recursos culturales y éticos, falta liderazgo en un mundo que globaliza el sistema tecnócrata. Hay una apatía vital que destruye al hombre quitándole el sentido de la vida, entreteniéndole en tonterías.

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