Varias comunidades autónomas, en las que ya se podría incluir Andalucía, se ha instalado ya el famoso “PIN PARENTAL”. Es decir, los niños no pueden recibir educación contra la LGTBIfobia sin el permiso expreso de sus padres. Esa medida es una de las “joyas de la corona” de los programas de Vox. Consideran que este tipo de charlas e informar a menores son lo que ellos consideran una “corrupción a los menores” que se realizan en las aulas. También aseguran que este tipo de educación es una “discriminación positiva” hacia la gente del colectivo LGTBI, y, por tanto, discriminación negativa al resto de personas.

Claro, sí te quedas ahí, pensarás “Obviamente. ¿Qué necesidad tiene mi hijo o mi hija de asistir a este tipo de charlas? Todo ese tema está más que superado”. Pero claro, como las noticias se entienden mejor de dos en dos, sigues buscando por las amadas-temidas redes y te encuentras con el siguiente evento: en un salón de actos de Alicante, personas vinculadas al partido de Abascal han protagonizado un altercado en un evento sobre videojuegos. Un mitin de Vox coincidió con esta convención y algunos asistentes fueron insultados por llevar la bandera arcoíris consigo. A gritos de “maricón”, y siendo acusados de “ir provocando”, estas personas se vieron con la superioridad moral de atacar a otras por el simple hecho de llevar una bandera.

¡Imagínate tú que haría este grupito si sus víctimas fuesen de la mano, o se hubiesen besado personas del mismo sexo! Si se creen fuertes y capaces de hacer eso a plena luz del día y rodeados de personas y miembros de seguridad (espero), ¿qué no podrían haberles hecho en otra situación menos favorable para aquellas personas que se sintieron agredidas en aquel evento? O que en un programa de máxima audiencia, el secretario general de ese partido diga que la familia “de un hombre y una mujer” debería tener preferencia a la hora de adoptar a un niño, y ya, si hay algún al que nadie quiera y que se sienta repudiado, pues ese sí podría ser adoptado por una pareja homosexual.

Porque sí, señoras y señores, ¡este tipo de educación sigue siendo necesario! ¿Dónde está en esas noticias del último mes esa “discriminación positiva” de la que ellos tanto hablan? Lo pregunto en serio. Me gustaría saber qué de discriminatorio tiene un discurso que intenta abogar en contra de la violencia hacia las personas que no entramos dentro de un ambiente “cishetero” y que seas del género que seas y te atraigan las personas que te traigan, tengas las mismas oportunidades y derechos. Llevo toda mi vida viendo a personas de diferente sexo quererse en público y que se sienten cómodos con el género que la naturaleza le atribuyó, y no por ello ni mi mente ni mi cuerpo han mutado. ¿Por qué todavía gente en noviembre de dos mil diecinueve sigue creyendo que, por ver a una persona transexual, que te hablen sobre la posibilidad de querer a una persona del mismo sexo, o cualquier cosa similar, te vas a convertir? ¿Tan frágil es la cisheterosexualidad?

Después llega la segunda parte: la utilización del colectivo LGTBI para cosas que no tienen nada que ver con nosotros y que para lo único que sirve es para que sintamos simpatía y queramos apoyar esa causa. Vaya, el pinkwashing de toda la vida. Y para muestra, un botón: la viralización de un beso gay en la manifestación unionista del pasado veintisiete de noviembre por las calles de Barcelona. La pareja compartió la foto en Twitter con el siguiente texto: “Dedicada a aquellos que me decían  que en una mani de este tipo me apalizarían si iba con mi novio. Hoy salimos a la calle los catalanes que no tenemos problemas de identidad. Nosotros no quemamos nuestra tierra ni la ensuciamos porque la queremos ❤️”.

También hay por redes sociales o en videos que comparte la prensa una versión de la bandera independista en la que los colores se han sustituido para coincidir con los de la bandera del Orgullo LGTBI.

El problema aquí está, a mi modo de entenderlo, en que no se puede (ni un lado ni otro), abanderar de nada en esta lucha. Nosotros no tenemos nada que ver con el conflicto catalán.  No por ser simpatizante del lado unionista, nos van a insultar sí o sí si vamos a una manifestación, ni por ir del lado independentista, vamos a ser libres de amar a quien queramos sin ningún tipo de violencia. Homofobia y aceptación hay de los dos lados y no se debe de manchar algo como los derechos que se intentan conseguir para la gente del colectivo con otras. No, hay que acabar con ese pensamiento de que, por votar a x partido, estás a favor o en contra de los derechos del colectivo LGTBI. Fíjate primero en los actos, en lo que de verdad evidencia sus intenciones. Hay que atender bien a su discurso individual, y no generalizar. La lucha solo les pertenece a quienes la sufre y a aquellos aliados que, de verdad, hacen algo por intentar cambiar la situación actual.

Y eso por no contar la cantidad de empresas que solo se acuerdan de nosotros en junio, con el único interés de que, por poner su logo con los colores del arcoíris, vamos a ir todos allí a pagar por el servicio que sea “porque son aliados”. Pero después se pasa la fecha del Orgullo, te empiezas a encontrar casos como los de la cadena de restaurantes estadounidense Chick-fil-A, o las famosas declaraciones de un directivo de la marca Nivea.

No, no queremos que nos restreguéis nuestra bandera por los hocicos. Simplemente queremos que no se nos señale ni se nos humille. Queremos una vida como la vuestra. ¿Tan difícil es de entender?

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