Once upon a time in Hollywood es el nombre de la última producción estrenada por Quentin Tarantino hace dos semana en las pantallas de nuestros cines. Es una película extraña, difícil de digerir para consumidores del cine más comercial y palomitero o para quienes esperen una sangrienta representación de los asesinatos cometidos por la familia Manson.

Es una carta de amor al cine. Al viejo Hollywood, capitaneado por tipos duros que interpretaban cowboys rudos tras la pantalla, para quedar relegados a ser viejas “estrellas” con papeles anecdóticos, ahogados en una vorágine de alcohol y depresión. 

 

La película comienza con una secuencia grabada en un formato diferente al que presentan las pantallas del cine, tratando de emular una televisión antigua. DiCaprio hace su aparición interpretando a Rick Dalton, que a su vez interpreta al cazarecompensas Jake Ensing en la serie televisiva Bounty Law. Seguidamente se ve en ese mismo formato, entrevistan al protagonista acompañado por su doble para las escenas de acción, Cliff Booth, interpretado por Brad Pitt que dota de un carisma especial al tipo duro que todos querríamos ser. 

Desde estos primeros planos, Tarantino está desarrollando un metacine delicioso de degustar y que dota a la película de su particular identidad. Y es que como anteriormente dije, es una obra sobre el mismo cine, sobre la vida de los actores en el microcosmos de Hollywood. Más adelante en esta película aparecen secuencias similares, por ejemplo, a Shanon Tate (magníficamente interpretada por Margot Robbie), dirigiéndose al cine a ver una película donde aparece, disfrutando con las reacciones de la gente. O un plano fijo de varios minutos, en el que apreciamos una televisión retransmitiendo la famosa serie de aquella época llamada FBI.

Encasillar esta película en un género en particular, es complicado, ya que como es sabido, Quentin utiliza todos los elementos del cine que vivió en sus carnes, trabajando en un videoclub, donde engullía todo tipo de películas, de cualquier género, ya fueran de serie B o Z.

Si de todas formas hubiera de realizar una clasificación por género, diría que es uno de los westerns crepusculares más extraños que podemos disfrutar en nuestras pantallas.

¿Cómo? – En la película aparecen la mayoría de las características de este subgénero:
  • Los protagonistas son varones blancos carentes de moral, que se ven obligados a mostrarse fuertes y no llorar delante de los mexicanos; pero cuya sociedad sin ley (el viejo Hollywood), que parecía tejida a su medida, se encuentra decadencia, con un agrio enfoque desmitificador. Rick Dalton es consciente de que su viejo mundo llega a su fin, y al igual que cuando los trenes llevaron la civilización al salvaje Oeste; una nueva generación de interpretes llega a Hollywood para realizar un relevo generacional, que el personaje de DiCaprio (un narcisista con tendencias pesimistas), no sabe como encajar, viendo atónito como este nuevo paradigma le relega a ser un saco de boxeo para el disfrute de las cámaras.

 

  • También aparece el polvoriento poblado del oeste donde tras un buen rato de miradas cargadas de tensión, Cliff Booth se adentra en el corazón de las tinieblas de dicho asentamiento, indolente ante las miradas de desprecio y desconfianza, listo para correr el riesgo de afrontar un destino incierto. Una secuencia digna de los mejores spaghetti-western de Sergio Leone y Clint Eastwood.

 

Verdaderamente, Brad Pitt sabe como imbuir un aura de carisma a su personaje, aunque se nos presente como un hombre violento con un pasado moralmente ambiguo. Se llega a sugerir que en el pasado asesinó a su mujer. ¿Cómo es que entonces nos cae tan bien el doble de acción? 

Aunque cumple con los clichés mencionados anteriormente de héroe de guerra americano rudo y guay, tiene trazos de profundidad que se lo dan los contrastes y similitudes con los hippies de la familia Manson, los antagonistas de este cuento de hadas dirigido por Tarantino.

Cliff disfruta del día a día, con una actitud zen que contrasta con el pesimismo existencial de su colega Rick. No sobredimensiona los problemas, los cuales ve cómo algo pasajero con fácil solución. Podemos observar como se relaciona con su perra, Brandy, la verdadera heroína de la obra. Se preocupa por suplirle con alimentos variados y exóticos, y aunque la tiene adiestrada para que cumpla sus ordenes, parece que el dúo goza de una excelente comunicación y compenetración en repetidas ocasiones. También quiero destacar cómo Cliff no se aprovecha de la chica que recoge para llevar al rancho, preguntando primero por su edad cuando está se le insinúa y denegándole sexo oral cuando intuye su edad.

Me parece muy interesante que fuera Cliff quien fuera al rancho y que la preocupación por su viejo amigo fuera la razón que lleva al enfrentamiento con los “hippies”. Por su actitud zen, Cliff es un hippie más puro que los psicópatas descalzos a los que Manson manipula como un titiritero desde las sombras.

¿Es esto un problema de representación de la contracultura de esos años? No parece que Quentin sienta mucho afecto por el colectivo que defendió las flores frente a los fusiles y los retrata en esta película con cierto desprecio, insinuando sutilmente que el movimiento fue una payasada que llego a su límite de decadencia con los asesinatos cometidos por la familia Manson. 

Es bien sabido que Tarantino no le da demasiada importancia a la historia real. En Malditos bastardos vemos cómo convierten a Hitler y a Goebbels en dos coladores de balas, acabando así con la guerra. En esta película hace una jugada parecida. Todo el contexto sociocultural que daba un sentido al movimiento hippie apenas aparece. La guerra de Vietnam es un ruido de fondo que aparece en la radio de un coche, a la que el protagonista hace caso omiso. 

El único reclamo político que hacen los hippies psicópatas es cerca del final de la cinta, cuando ellos justifican la masacre que se disponen a llevar a cabo bajo una mala excusa:

“Crecimos viendo cómo los actores de Hollywood mataban gente tras la pantalla. Ellos nos enseñaron a matar, a si que ahora los vamos a matar nosotros a ellos.” Mas o menos.

El problema es que es muy complicado que los alumnos superen al maestro. Si te han enseñado a matar, es porque previamente sabían hacerlo. Cosa que queda demostrada con las escenas finales, donde vemos al Tarantino que todos conocemos en un éxtasis de ultraviolencia contra “los putos hippies”. 

Es normal que Cliff, quien fue corazón púrpura en la guerra, esté preparado para matar, cosa que hace sin mucho esfuerzo y con gozo. También Rick, quien se hallaba disfrutando de los últimos copazos en la piscina, al verse amenazado, recurre a un lanzallamas que precisamente aprendió a usar para una anterior película (de la cual vemos flashbacks al comienzo de la obra), para tostar a la última de los asaltadores. Ironías marca Tarantino.

Gracias a la masacre, Shanon Tate y sus amigos se libran de morir esa noche. Rick, perplejo ante la situación, y con su colega y salvador sacado de la escena en ambulancia debido a los daños recibidos en la pelea, consigue uno de sus objetivos personales que se marca en los primeros compases de la película: Conseguir contacto con Tate y Polanski, sus vecinos.

Cómo dije anteriormente, Tarantino no respeta la historia real, justificando su obra cómo un cuento de hadas. (De ahí el nombre “Erase una vez en Hollywood”). Una historia feliz donde los protagonistas consiguen sus objetivos y no se producen los horribles asesinatos que cambiarían la historia de Hollywood y desencadenarían en la decadencia del movimiento contracultural de la época. Esta misma justificación puede usarse para escurrir el bulto cuando de la representación del colectivo hippie se trata.

La representación de la contracultura de la época no es el objetivo de esta película. Es una obra que habla del cine, usando ese mismo lenguaje para expresarse, y basándose en su propia experiencia y una gran abanico de referencias a filmes de la época y suyas propias. Pero no solo eso. También es una película sobre pies de mujeres puestos en primer plano.

 

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Albert Limon
- Jefe de redacción de Revista LOA - Alquimista de la palabra - Futuro graduado en Estudios Ingleses -

2 Comentarios

  1. Buenísima crítica! Si no es por ella no descubro todo lo cargada que iba de contenido esta película! Mi enhorabuena

    • Muchas gracias por tu comentario Miguel <3

      He tratado de confeccionar una "crítica" que se saliera de los canones típicos, para profundizar en los temas, el contexto y el subtexto que se puede inferir de la obra.

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