A menudo, cuando digo que escribo poesía o que voy a la presentación de un libro me dicen una frase por desgracia muy conocida: “no entiendo la poesía, he leído y lo he intentado, pero la poesía de hoy no la entiendo”.  Y en ese momento viene a mi mente un poema de Gabriel Celaya más conocido por su versión cantada e interpretada por Paco Ibáñez:

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Comprendo que la poesía es la expresión sincera e íntima del escritor, la manipulación de la palabra como herramienta para expresar sentimientos, emociones y hechos y como tal es complicado hacerla cruda; pero tampoco ha de ser un tratado de erudición para lucimiento propio y de académicos de lo complejo.

Es necesario una poesía llana, una poesía sincera pero cercana, comprensible y entendible porque de esa manera podremos acercar la poesía a quién sentado en el sofá de su casa le apetece leer un libro antes que ver la televisión pero la vagueza de tener que buscar en un diccionario términos, de tener que “calentarse” la cabeza para buscar sentido a unas palabras que no interioriza ni comprende le aleja esa intención.

Como tantos niños de mi generación viví, sentí y oí la voz grave y gruesa de esa abuela de cuentos que con una sonrisa pícara nos acercó los poemas y la literatura entre travesuras y rimas fáciles:

Cada abeja con su pareja.

Cada pato con su pata.

Cada loco con su tema.

Cada tomo con su tapa.

Cada tipo con su tipa.

Cada pito con su flauta.

Cada foco con su foca.

Cada plato con su taza.

¿Demasiado simple? ¿Demasiado infantil? sí, así es; pero sirvió para llevar a palabras más complejas:

La gente corre tanto

porque no sabe donde va,

el que sabe donde va

va despacio,

para paladear

el “ir llegando”.

 

Aquí se complica algo más, pero el primer poema lleva al segundo, de la sencillez infantil hemos pasado a la filosofía profunda del caminante de la vida, al consejo poético. Gloria Fuertes materializó el poema de Gabriel Celaya en sus letras y acciones; de la misma manera, el poeta del siglo XXI tiene que “tomar partido”, salir de la palabra enrocada y abrir el campo de batalla de las letras. No hablo de una poesía comprometida social o políticamente, cada uno elige sus temas; hablo del impacto, del saber llegar y “popularizar” la poesía para que llegue a todo el mundo

No escribimos para nosotros, no escribimos para eruditos, no escribimos para demostrar nuestro dominio de los adverbios; escribimos para compartir desde el sentimiento y las emociones hasta las ideas que la vida impacta en nuestra realidad.

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