Shalom, dicen los judíos. Navidad es la fiesta de la paz. La paz esté con vosotros, es el mensaje de Jesús.

¿Qué es la paz? Se puede estar en paz, cuando hay tranquilidad exterior, cuando todo va bien, cuando estamos satisfechos, pero no dura mucho: la razón principal de la paz no es la ausencia de problemas. Ese aislamiento no resuelve nada, porque fuera hay ruido muchas veces. Tener paz es otra cosa: es que cuando hay dificultades, cuando lo exterior a nosotros se pone en contra, poder estar en el centro de un huracán pero serenos, podemos ver el movimiento y estando centrados nada nos perturba, y eso es tener paz. Cada uno que piense lo que en algún momento nos hace perder los nervios. ¿Qué hacemos entonces? Comprender que son situaciones, personas, que nos ponen a prueba. Y cuando hay comprensión y entrenamiento, todo esto es aprendizaje para ya no tener conflictos.

Cualquier conflicto interno es por ignorancia, como si estuviéramos en un laberinto donde nos perdemos, pero porque estamos a un nivel inferior que nos impide ver la salida: si subimos a un nivel superior y vamos por encima del laberinto, por ejemplo en un avión, ya no nos perdemos porque vemos la salida al problema. Los problemas se resuelven subiendo del nivel de consciencia, a un nivel superior donde se resuelven los problemas que había antes, ampliando el contexto.

Aparecen entonces nuevos “problemas”, que en realidad no son problemas sino procesos, que comienzan y terminan. Y la mejor manera es alcanzar un nivel superior de comprensión que nos hace ver que aquello que nos preocupaba era por ignorancia, que si tenemos más comprensión ya hemos aprendido la solución, es decir ha terminado un proceso y comenzó otro, y así también podemos neutralizar aquellos extremos que agobiaban, ya no nos confrontan esas cosas sino que son integradas en una realidad superior, y así hasta se siente una paz hasta “física”.

Cuantas veces vemos a una persona que emana luz, que está sin conflictos, con calma interior, sin ansiedad, y decimos “esta persona da paz”: le decimos: “gracias porque me das paz”. Es la alegría al encontrarse a una persona libre de inquietudes, de remordimientos: eso es tener paz, a esto vamos.

La primera cosa que podríamos preguntarnos es: ¿Y eso para qué sirve? Parece que cosas como la paz, el amor, en un mundo pragmático no sirven para nada, pero son cosas que si no están en la vida, la vida no sirve para nada. Este es a mi entender el problema de hoy.

El objetivo no es la paz. La paz es una condición básica. Ahora añadiré que es una condición que tiene unos orígenes. Pero la finalidad a la que vamos es el gozo, la alegría, la felicidad, que no se puede conseguir directamente sino a través de un proceso. El gozo será así un producto de la máxima vibración posible en la energía del ser humano. Esa paz invulnerable que hemos dicho es condición previa y necesaria para que haya gozo. Y se eleva así la energía vital a una zona de luz que conecta con las facultades más íntimas, más superiores de la persona. Así la paz determina el termómetro de nuestro crecimiento espiritual. La capacidad de manejar situaciones sin perdernos, sin perder la paz.

Así como en lo físico la energía vital es lo más importante del ser humano y se consigue generamos glucosa etc., así durante el sueño mantenemos esta energía, y con alguna forma de meditación… Podemos ayudar a que no nos perdamos en esos conflictos internos y mantener la energía alta sin miedos, apegos… Sin entrometerme en lo que no me toca, que es una forma de inquietud, el vivir hacia fuera solamente. Y así, ese tesoro –que es el más importante- nos hace estar en luz.
Salir de la penumbra, despertar en la consciencia. Y de eso depende que no haya
conflictos y guerras, que seamos constructores de paz, como nos recuerda la Navidad.

Pensemos en un conflicto actual. Quiero poner el ejemplo de Israel, donde los judíos, musulmanes y cristianos están en conflicto. Pero los niños conectan ahí, por encima de las palabras y del lenguaje (como se ve en la película documental Promises). Podemos llegar a ese niño interior y eliminar nubes, no ver la dificultad sino la oportunidad en las cosas que nos contrarían.

Hay unos ejercicios para estar en paz. La sociedad nos dice que son: ilusiones sanas, vacaciones armoniosas, contacto con la naturaleza, dormir lo necesario, pensamientos puros, relajación de mente, armonía en las relaciones… Como darse un abrazo, son caminos para la paz. Para tener paz, para ese entrenamiento consciente, para superar toda confrontación y conflicto mental, sin sufrimiento interior, sabiendo que todo es por la ley de correspondencia, que todo evoluciona, que todo nos puede llevar a esa serenidad… Así, no voy a alterarme. Nos pueden ayudar esos mantras como el de Teresa de Jesús: “nada te turbe, nada te espante…” Nos puede ayudara superar la falta de armonía del mundo exterior de hoy.

Por último, la paz significa también paciencia que es la ciencia de la paz, es hacerse confiable para sí y los demás, no focalizarse en los problemas sino en las soluciones, es abrirnos a la aceptación. Y de todo ello nos habla la Navidad que estamos para celebrar. Los valores de navidad son de paz, Jesús es el príncipe de la paz. En todas las religiones de algún modo se recoge la bienaventuranza: “felices los pacíficos, los constructores de paz”. Shalom… Imagino que Jesús nos dice: “os he dado la paz, a ver si la tenéis cuando vuelva…”

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