Decía Gila “lo mejor es que te puedes hartar a matar y no te pasa nada”.

Foto: La policía detiene a Carola Rakkete, capitana del “Sea Watch”, por atracar en el puerto de Lampedusa con migrantes rescatados de la mar

Las guerras no pagan multas. Los promotores de las guerras, es decir, sus pueblos cuando las pierden. Los sufridores de todas las guerras, siempre. Y algunos nombres encajan fatal con el personaje. Por ejemplo, Salvini. Otro que le mosquea que la Justicia italiana no sea fiel obediente a sus dictados. ¡Anda que si este tuviera un “Valle de los caídos”, se lo iban a quitar! Pues, pese a las semejanzas, Italia no es España. En Italia no está permitido rendir homenaje a Mussolini. Cuando derribaron la estatua del dictador decidieron que fuera para siempre. Alguna diferencia positiva, alguna “ventajilla”, tenían que tener, respecto a sus colegas del Mediterráneo. Lo que pasa es que Salvini es más alpiano que Mediterráneo. Por lo de la tolerancia y su falta de…

El “heroico resistente”, henchido de fervor supremacista, no puede soportar que “simples” muertos-de-hambre por la apropiación de sus recursos por las potencias europeas, entre las que se encuentra el Estado que rige, se atrevan a buscar un trozo de pan en la península que se ha propuesto defender de las “hordas” africanas. Él, que es descendiente de los invasores ostrogodos, saqueadores de Roma. ¿O es de los lombardos? A estos políticos  nostálgicos de la dictadura, les importan poco las leyes. Luego dicen que las leyes están para defenderlas. Menos aún les importa el estamento judicial. Bueno, un poco, sí: para molestarse cuando no están a sus órdenes. Esa es su confianza en, ese es su respeto a la separación de poderes. Pero no hay que cruzar la mar hacia el este, que aquí está este. El Gobierno español amenaza con multas de más de novecientos mil euros a los barcos que salgan a rescatar náufragos. Si al fin y al cabo “sólo” son moros… negros… ¿por qué hay que salvarles la vida? Que no vengan y asunto resuelto. Yerran en la solución al asunto. Porque el asunto sólo se resolverá cuando permitan a esos “moros” y a esos “negros” ser dueños de sus recursos. Cuando sus ricos recursos naturales les sirvan para vivir una vida normal, con trabajos normales, en ciudades normales. Cuando su petróleo, sus diamantes, su oro y sus selvas no sirvan al enriquecimiento de empresas sin escrúpulos. Cuando dejen de pagar con sangre el “derecho” a sacar esas riquezas de su territorio para beneficio de bandas mafiosas y de multinacionales del oprobio.

 España y ahora Italia desde la llegada de Salvini, el enemigo de salvar náufragos, sus gobiernos, incapaces de soportar una corrección judicial, sólo entienden la sumisión de un Poder que debe ser independiente para que la democracia sea posible. Eso explica las presiones a los tribunales, así se comprende la judicialización de la vida política, por eso la represión en respuesta negativa al diálogo. Se explica, se comprende, pero es imposible compartirlo. Lo impide un mínimo decoro, un mínimo sentimiento democrático. Es el sentimiento que debe o debería imperar en todos y cada uno de los miembros de la judicatura, para no engordar causas en búsqueda de delitos inexistentes y así proteger el prestigio de los políticos que descargan en ellos su incapacidad para negociar, exageraciones que causan estupor en Europa y les hacen caer en el ridículo, pero no salvan del ridículo a los políticos que los empujaron.

Los “salvinis” del Mediterráneo hacen lo posible por ignorar sus propias leyes, se molestan cuando no consiguen dominar a su servicio a la judicatura. Y “se olvidan” –qué lástima de memoria- que las leyes de la mar consideran delito grave no salvar a las víctimas de un naufragio. No es a las ONGs a quienes hay que juzgar. Han equivocado la acusación.

Fotografía de dimitrisvetsikas1969

 
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Rafael Sanmartin
- Redactor -

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