MESAS VACÍAS III

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¿Pero que es el gluten, exactamente?

Es un grupo de proteínas insolubles al agua que se encuentran sobre todo en el trigo, pero también en otros cereales como el centeno, la espelta, la cebada, la avena, etc. El 90 % del gluten lo forma una proteína conocida como gluteína además de otras proteínas como las prolaminas que son las responsables de provocar la reacción inmunológica del cuerpo.

Poca gente sabe además que estas proteínas que conforman el gluten, cuyas características son parecidas a una cola de pegar, se usan precisamente desde antiguo en numerosas aplicaciones industriales como son: los sellos, sobres, etiquetas para botellas, adhesivos en la industria de la madera, papel, films alimenticios, etc. Esta característica, agravada por el hecho de que el pan actualmente lleva mucho más gluten del que le corresponde para aumentar su esponjosidad, hace que el sistema digestivo de muchas personas sufra una reacción al ingerirlo.

 ¿En qué consiste esta reacción?

Pues en una mucosidad que emitimos al recibir el alimento para defendernos, mucosidad que cubre el intestino y que impide la correcta absorción de los alimentos.  Esta mucosidad no son sino bacterias que se alimentan de gluten no digerido y que, por desgracia, sirven de alimento a su vez para otras bacterias nocivas que habitan en el intestino y que pueden llegar a plagarlo provocando un desequilibrio de la flora intestinal (es el caso de la temida “candida albicans” que en sí sola es otro tema del que hablar). Este desequilibrio de bacterias tiene un efecto neurotóxico, sobrecarga el hígado, impide el correcto funcionamiento del páncreas (lo que puede provocar desajustes en el azúcar en sangre) Para expulsar la mucosidad generada, se usan hígado, riñones, intestino, pulmones, piel… los cuales si están sobrecargados provocan que la eliminación no sea posible y es cuando aparecen enfermedades respiratorias para eliminar la mucosidad como: constipados, rinofaringitis, bronquitis, asma, dermatitis…

¿Alguien comienza a sentirse identificado con el proceso? Todos los trocitos de gluten no digeridos, son susceptibles de convertirse en péptidos opioides, es decir, al no digerirse pasan a la sangre y de ahí al cerebro, donde se fijan a los receptores opioides del cerebro y alteran la comunicación de los neurotransmisores, lo que puede llevar al desarrollo de diversas enfermedades neurológicas y trastornos de la conducta (ansiedad, depresión, hiperactividad…..),no en vano, es en el intestino donde se fabrica el 90 % de la serotonina del cerebro, dato que también es desconocido para la mayoría. Por último, también las células inmunocompetentes (glóbulos blancos) tienen receptores para los péptidos opioides de origen alimentario, lo que disminuye su respuesta contra las infecciones.

Como veréis esta reacción natural del cuerpo ante algo que desconoce y no sabe procesar, es como un juego de fichas de dominó, que comienza y  si no se corta a la mitad, ya no para hasta que todas las fichas han caído. Y lo peor es que es un proceso que se produce cada vez que se ingiere este alimento no reconocido, es decir, que es un proceso que va minando por acumulación.

La verdadera distinción entre los tres tipos de afectados por el gluten está en la observación de los daños provocados, sin embargo, las consecuencias asociadas pueden ser las mismas y no hay una lista tasada que solo cumpla uno de los tipos:

 la celiaquía supone que hay un daño en el intestino y sus vellosidades y es observable con pruebas médicas. También las enfermedades o dolencias asociadas que padece un celíaco son más graves que las de los otros dos apartados, pues incluyen enfermedades autoinmunes como tiroidismo, diabetes…

El alérgico al gluten es considerado como cualquier otro alérgico y los síntomas que presenta, además de los problemas estomacales suelen ser de carácter alérgico (sarpullidos en la piel, asma…) Suele presentar daño intestinal o, al menos, inflamación.

En la sensibilidad al gluten no celíaca el intestino no está dañado y se diagnostica por exclusión, si es que se llega a diagnosticar, en mi caso no llegó a darse.  Pero no está exenta de tener una sintomatología igual o parecida a la celiaquía o a la alergia al gluten, pues todas incluyen o pueden incluir: dolor abdominal frecuente, diarrea o estreñimiento crónico, hormigueo o entumecimiento en manos y pies, fatiga crónica, fibromialgia, dolor en las articulaciones, infertilidad inexplicable o abortos de repetición, baja densidad de los huesos…

Creo que, con lo expuesto hasta ahora se puede ver con más claridad cómo afecta al organismo este alimento en concreto. Por suerte, hay alternativas y  los que sufrimos esta sintomatología no tenemos que conformarnos con vivir una calidad de vida mermada, solo hay que animarse a cambiar.

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