Todos tenemos derecho a una realización plena como seres humanos, a desarrollar todo el potencial que llevamos dentro y a la consecución de una vida feliz. Para ello debemos orientarnos hacia actitudes mentales positivas  y hacía una actitud física y emocional igualmente positiva. 

Para lograr un estado de salud óptimo, es preciso que reduzcamos el estrés y aumentemos nuestra energía vital, desde una perspectiva amplía. El Holísmo(del griego Holos: todo, por entero) es una posición metodológica que postula cómo los sistemas deben ser analizados en su totalidad y no sólo a través de las partes que lo componen.

Enfatizar la importancia del todo considerado en su globalidad, los sistemas funcionan como conjuntos y su funcionamiento no puede ser plenamente comprendido si sólo se tienen en cuenta sus partes; el Holísmo es la mirada profunda y completa al conjunto, no a la parcialidad. 

La enfermedad se inicia siempre con un desequilibrio energético; el mismo estrés no es más que una reacción de nuestro cuerpo preparándose para presiones extremas, de forma que cuando alcanza determinados niveles conduce a una situación que el organismo no puede controlar y aparecen las enfermedades derivadas de esa situación. Por lo tanto si existe una descompensación en la presión arterial, problemas cardíacos, insomnio… atajar paliando los síntomas está bien, pero enfocar la cuestión principal, es lo que realmente solucionará la cuestión; lo mismo ocurre con cualquier otro problema de salud que no sea congénito o por accidente: obesidad, dificultades respiratorias, etc… sobre todo aquellos que tengan su raíz en actitudes insanas y mentales.

Existen diversas corrientes Holísticas que van desde la creencia energética hasta la científica; pero lo que es indudable es que la visión completa (holística) de cualquier situación nos posiciona en el camino correcto para abarcar el problema al completo. 

La medicina holística o sanación holística -para evitar susceptibilidades- emplea tratamientos modernos y tradicionales y abarca todos los campos del Ser Humano, aunque también se aplica en animales y plantas y el enfoque es el tratamiento del paciente, no de la enfermedad.  

Dentro de la sanación holística encontramos técnicas como: 

Homeopatía: basada en el principio de que la inoculación en bajas cantidades de sustancias que causan los síntomas de una enfermedad en personas sanas, curará lo similar en personas enfermas. 

Acupuntura: práctica de la medicina tradicional china basada en la creencía de que existen líneas de energía en el cuerpo que producen enfermedades al bloquearse y al clavar en determinados puntos unas agujas provoca un desbloqueo y la sanación. 

Fitoterapia: tratamiento de las enfermedades por medio de plantas o sustancias vegetales. 

Terapia floral: conocido generalmente como Flores de Bach, consistente en el tratamiento a través de esencias naturales.

Aromaterapia: uso terapéutico de los aceites esenciales para liberar el estrés nervioso, aumentar el bienestar y proporcionar salud y vitalidad. 

Estas quizás sean las terapias más conocidas y extendidas por todo el planeta; pero es obligatorio hacer dos puntualizaciones al respecto; la medicina científica no reconoce estas terapias y la sanación holística, encuadrándola dentro de las pseudociencias, no sabemos si por presión de las farmacéuticas o por la incapacidad de realizar estudios serios que demuestren que estas prácticas -sobre todo unidas- son capaces de sanar tal como afirman millones de personas y, por otra parte y en la misma línea las dos corrientes son compatibles; ninguna terapia holística es dañina empleada correctamente y ningún terapeuta o libro aconsejara (si es serio) dejar el tratamiento de la medicina científica y emplear en exclusividad este sistema. 

Aparte de estas polémicas es indudable algunos principios básicos para lo que no es necesario aplicar ninguna terapia o técnica. 

  1.  Todo está interrelacionado: enfocar los problemas parcialmente sólo conduce a un alivio momentáneo de las situaciones; no se trata de eliminar el síntoma, sino el problema que lo causa. 
  2. Somos una unidad: no tenemos un cuerpo, somos cuerpo; nuestro cerebro nos engaña cuando habla de nuestra mano, nuestro pie o nuestros ojos. Lo mismo ocurre a otros niveles: emociones, pensamientos, sentimientos… todo tiene su origen en nuestra forma de pensar y eso repercute en como actuamos y a su vez en como actuarán los demás con nosotros. 
  3. Totalidad: Estamos acostumbrados a separar, a fraccionar porque pensamos que así conoceremos en más profundidad. Dividimos la tierra con fronteras marcando países, comunidades, ciudades, pueblos, provincias… pero la Tierra y la Naturaleza desconoce esas fronteras; lo mismo ocurre con nuestro organismo, el concepto occidental de la división nos impide abarcar la visión de conjunto y enfocar toda la cuestión al completo. 
  4. Individualidad: cada persona se enferma y cura de forma individual, no existen protocolos establecidos para sanar enfermedades; existen personas que perdieron la salud por diferentes causas y cada uno necesita un diagnóstico y un tratamiento individualizado. 
  5. Auto-curación: el ser humano tiene un potencial auto sanador, el paciente tiene que convertirse en un actuante no en un observador de un proceso que se vierte sobre él o ella, siendo el terapeuta un facilitador y acompañante (como en una terapia psicológica). En este proceso se deben cambiar los paradigmas que se han ido establecido en el transcurso de la vida: alimentación (somos lo que comemos, que diría una buena amiga), ejercicios, hábitos y sobre todo PENSAMIENTOS. Acciones que nos han esclavizado y dominado impidiendo una realización amplía.
  6. La enfermedad como ayuda: ¡extraño concepto! pero sí, así es. Tratar la enfermedad como un síntoma; cuando tenemos fiebre el cuerpo nos indica que algo no funciona podemos luchar para bajar la temperatura o/y podemos atacar lo que está causando esa fiebre. Cuando enfermamos nuestro ser nos avisa que algo falla, la enfermedad en sí es el síntoma que nos pone en alerta y avisa de que hay cosas que tenemos que cambiar.
  7. Poder: somos actuantes, no somos pacientes; sino que tenemos la fuerza y el potencial para sanarnos e intervenir en nuestra curación a través de procurar los cambios en nuestra vida, en aquellos aspectos que nos están enfermando para así encontrar la plenitud y por lo tanto la salud. 

 

 

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