Mamá, ¿por qué no puedo beber?

0
429

Recuerdo una excursión al río cuando tenía 7 años. Era como si fuera a Disneyland, un éxtasis brutal. Una vez allí, nos instalamos cual excursión a la playa con neverita y parasol incluidos, nos pusimos cómodos, bañador puesto y al agua. Aún recuerdo lo fría que estaba aquella agua que, según decía mi padre, venía de la fría y elevada meseta castellana. Fue genial. Nos dejábamos caer por las corrientes (poco agresivas) y hacíamos el esfuerzo superfluo de nadar a contracorriente. Todo iba bien hasta que se nos acabó el agua mineral. Mis padres no habían sido precavidos y solo habían traído una botella de agua mineral (cerveza había de sobra pero, como entenderéis, yo solo tenía 7 años). Como si fuera algo normal y corriente, se me iluminó la bombilla encima de la cabeza: “pero, mamá, mira toda el agua que hay en el río”; a lo que mi madre me contesta: “¡No! ¡Ni se te ocurra beber de ahí!

Desde entonces he vivido un pelín angustiado, preguntándome: “¿de dónde vendrá el agua embotellada?” Cuando descubrí que venía de los ríos o de agua subterránea: “¿y por qué la de mi río no es potable?” En fin, el tema del agua siempre ha sido una incógnita para mí. Hasta que descubrí qué pasaba. Primero, pensé que eran las mismas empresas que comercializan el agua embotellada las que ensuciaban los cauces y vertían sustancias tóxicas para así sacar más beneficios: solo podríamos beber su agua. Más tarde, descubrí que eran muchas las empresas que lo hacían, no solo las que se dedicaban al agua sino muchas otras que no encontraban otra salida a sus residuos que los ríos. Pero no os engañéis, amigos lectores, el mayor enemigo del agua fluvial es la lixiviación. Me explico.

La lixiviación es un proceso natural mediante el cual el agua, que tiende a infiltrarse (penetrar en la tierra y el suelo) y a percolarse (penetrar en el medio rocoso), arrastra con ella todo lo que encuentra en la superficie, se disuelve en ella. Sin esta espléndida propiedad del agua, no podríamos cocinar los ricos cocidos madrileños, el cacao no se disolvería en nuestro vaso de leche matinal y el heno que usan algunos agricultores para fertilizar la tierra no surtiría efecto. En definitiva, el agua disuelve todo aquello que encuentra a su paso y lo lleva consigo. Cuando se infiltra en el suelo, estas propiedades van con ella. ¿Me sigues hasta aquí?

¿Qué pasa si lo que encuentra el agua antes de infiltrarse es venenoso, cancerígeno, mortal? Que esa agua no es potable. ¿Qué pasa si, después de haber disuelto una sustancia venenosa, cae a un río? Que el agua del río deja de ser potable. Y ahora la gran pregunta: ¿de dónde sale tanta sustancia tóxica? Geles, champús, cremas solares, guano, sulfates… y mil productos químicos tóxicos que usamos en nuestro día a día y que acaban disolviéndose en el agua.

Y, ¿por qué acaba siempre en el río? Simplificando, y mucho, la realidad, podríamos decir que todo el agua acaba en el río más cercano. No me refiero al agua de las cañerías sino al agua de lluvia y riego. El detergente que queda en la ropa, es disuelto en el agua de lluvia; la crema solar cuando nadamos en el río o en un estanque; el guano que se lleva el agua de riego; el aluminio o el plomo de cualquier objeto que se lleva el agua de lluvia; etc. El agua disuelve casi todo lo que encuentra a su paso, después se infiltra y por fuerza de la gravedad (de manera subterránea), acaba en un riachuelo y finalmente en un río.

La solución no sé cuál es. Pero ahora ya lo sabéis. Hasta donde yo sé, el agua de lluvia es totalmente limpia porque la evaporación solo se lleva el H₂O y deja las sustancias tóxicas en la superficie terrestre. Esa es la oportunidad que tenemos para que un niño como yo pueda beber en el río, el agua que fluye, de donde nuestros antepasados no tan lejanos, cogían el agua para hidratarse diariamente. Sort i seny!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here