Me niego a ironizar y me niego a seguir guardando las palabras en una carpeta de desconfianzas, en un momento como este, los silencios son cómplices de la injusticia, como escribirían los viejos poetas, guardar la pluma en el cajón es abrir la puerta de la represión y dar paso a un ayer no demasiado lejano donde una canción, una poema, un cuadro o una palabra son una amenaza, una agresión y motivo suficiente para que te encarcelen.

Este es el momento de hablar, el momento de denunciar, de solidarizarse, de luchar, de sacar las ideas, los poemas, las canciones a la calle; de unir voces en una misma voz obviando los matices para defender la libertad, los derechos, la cultura y la educación: el Humanismo.

Cuando las fronteras se cierran a personas que pasan hambre y miserias y se abren a ultras que provocan el fallecimiento de un miembro de las fuerzas de seguridad del Estado con la justificación de un partido de fútbol; cuando peligran las pensiones, el gasto en educación y en sanidad baja a niveles mínimos y aumenta el gasto en armas para un ejército cuyos miembros cobran la mitad que sus compañeros de la OTAN; cuando pese a campañas para erradicar la violencia de género y el bullying, la agresividad en los colegios, en las calles y en los hogares aumenta, es cuando algo está fallando de forma trágica.

Cuando un personaje público estafa millones de euros y no se le obliga a devolver lo robado ni se le castiga, mientras que nuestros mayores mueren quemados por calentarse con una vela; cuando una y otra vez organismos internacionales como la ONU o el Tribunal Europeo denuncian a unos gobernantes y políticos (da igual el color) más ocupados en guerras intestinas que en servir a los ciudadanos, es cuando el sistema comienza a derrumbarse.

Me niego a ironizar y jugar con las palabras, a lanzar florituras y utilizar expresiones rimbombantes, a extenderme en una demostración filosófica de sapiencia. Es simple, es sencillo, es fácil: es el momento de hablar, escribir, denunciar y defender la libertad de expresión; es hora de que los poetas saquen sus armas, su responsabilidad.

“Poesía para el pobre, poesía necesaria

como el pan de cada día,

como el aire que exigimos trece veces por minuto,

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

 

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando el fondo.

 

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren

y canto respirando.

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas

personales, me ensancho.

                                                                                Gabriel Celaya

En recuerdo de un abanderado de la libertad, de la expresión y de la denuncia social: Forges.

1 Comentario

  1. Cierto. Pero ojalá este autoritarismo y arbitrariedad termine con estos gobernantes sin pudor, sin vergüenza, sin dignidad, sin ética. Porque, tal como lo llevan, puede derivar en dictadura a lo Fujimori. Si seguimos así, Marruecos pronto será una “democracia envidiable” y Turquía un “paraiso democrático”.

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