Todo parte  desde una pequeña habitación oscura, pequeña, familiar y húmeda; con luces que reflejan la silueta del lugar donde habitan todos mis demonios (tenebres susurros). Velas y una cama con cadenas que abren una puerta hacia lo desconocido. Hacia el lugar donde nadie debiera pertenecer.

En este ambiente lúgubre y aterrador lo visual hace reverencia a lo que crees haber conocido, pero nunca había visto nada igual . Me produce estupor las llamadas delicias  del ojo humano hechas carne, quedando expuestas, como un presente hacia el maligno, aprovechándose totalmente de nuestros sueños.

Acciones desarrolladas a lo largo de multitud de noches que  serían capaces de llevarte al delirio y que jamás  desearías haber probado. Envuelta en un tumulto, que se va acercando a mis oídos y disparan el pánico hasta límites insospechados. Tiemblo, escucho voces que hablan todas a la vez y que se regocijan en mi agonía.

Están dentro de mi cabeza  ..

Y quiero salir de aquí ..¡¡

Pero el miedo me paraliza .

Ya no puedo pensar, se adueña de mis actos y estoy cada día más acompañada en mi soledad, pero aturdida. No sé si todo esto es  real o  es una locura enfermiza  y la  voy desarrollando poco a poco a empujones en una espiral en la que caigo.

Respiro vertiginosamente .. rechino los dientes, me agarro el pecho, esta noche me vuelve a faltar el aire, pero no puedo sacar ni una lágrima, ni un sonido.

– Fuera de mi, fuera de la puerta que me tiene atrapada, fuera de mis sábanas, fuera de mi cuerpo. ¿Quien hay aquí?….(tiemblo)

Puedo conocerlo acercándome a aquello que llaman oscuridad, pero no se hacerlo, no quiero hacerlo, así que me quedo quieta, inmovil; y una voz (murmullo) se cuela a la fuerza en mis pensamientos:  cuidado con lo que deseas.

– ¡Vete de aquí!

No entiendo muy bien todo esto, ¿algo me agarra la cabeza? Puedo ver su aspecto:  energico, maligno, pesado, cargante.  Cada vez que lo observo, me deshace  nauseabundamente, y me quedo tan pequeñita que creo que nunca más seré capaz  de mirar a nadie a los ojos.  Estoy endemoniada -pienso-; soy como marioneta en manos de Él. Mi mundo parece desintegrarse y eso llamamos vida se ha convertido en un reto demasiado exigente. No quiero sentir. Vuelve el susurro: ¿Crees sentirte bien cuando llega  la luz? pero no sabes que lo que es sentir esta agonía… prepárate.

 

Hay unas manos grandes y huesudas que me asfixian, sin estar cerca  y lo conozco y veo, pero sé que no está aquí. Me mira, me reta, se frota las manos y pierdo la razón.

Comienzo a gritar desesperadamente, como si mi vida dependiera de que alguien pudiera escucharme, y saco fuerzas de donde desconocía tener y me levanto en busca de la luz.

¡Vetee, no te quiero aquí! me escondo entre las sabanas y voy perdiendo mi propia credibilidad, esto es real? Quiero perderme, sentir que no estoy aquí, que todo esto termine; siento la culpabilidad, arrostra a los demás; estoy loca, soy rara en un mundo raro y complejo. Miro e intento encontrar a Dios, pero no puedo así. Sigo tirando de la cuerda, sólo tengo eso; estoy sola y me siento mal. No tengo fuerzas para seguir; quiero salir del mundo psiquico, pero es mi mundo. Miedo mucho miedo de  quedarme sola en la oscuridad y siempre ser rechazada  por los que me rodean. 

Grito y la  voz me dice: duerme, shhhhh, mira la luz, duerme. Consigo sobrevivir a esa noche, pero con un trozo menos de mi, con la magia mas apagada, oscuridad. Lo peor siempre llega para que puedas defenderte de ti mismo aprendiendo y tirando de todo lo que te asusta. Desprendiéndote de ti; pero el alma grita, la voz grita: ¡quiero tu ser!

Fotografía Jose Huertax

 

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