No sabes

todo lo que guardo

detrás de mis ojos.

 

Delicada lluvia estival sobre tus aves del paraíso

tanto tiempo calladas, resignadas en su destierro

de los tiernos labios que besan como un río;

Blancas sábanas enemigas del tiempo

donde se perdió la cuenta de los roces

que la lengua puede verter sobre un cuerpo

mientras sus contornos se confunden y agitan,

gritos que se prenden bajo la cresta de un sólo fuego;

Dedos descendiendo por tu torso inmaculado

como hilos que me guían hacia tu centro,

perdiéndome a propósito por rosados laberintos

para poder empezar otra vez de nuevo

y sentir el calor de la tierra que recorro,

los regueros de venas que -zahorí- celebro

porque estoy un poquito más cerca de ti,

porque estoy un poquito más dentro.

 

Pero es mi mirada opaco cristal

de la superficie de este ancho océano

que encuentran los tuyos y se cierran,

entregados a sus sueños.

 

Gustav KlimtNayade

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