Los más ricos…

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Del cementerio

Muchos no lo serán, que hasta tienen cementerio privado. Sus muertos no. No son privados, son
anónimos. Tienen muchos. Miles, millones de personas caen cada día, y no sólo en guerras. Víctimas de la usura, del egoísmo, de la especulación. Y no sólo en el tercer mundo, también en este, que cada día es más cuarto. Los de las grandes ciudades también se está llenando de ellos. Buen sitio para descansar, pero no para ser enviado allí por la ignominia.
¿Para qué quieren tanto dinero? ¿Qué van a hacer con más del que pueden gastar en toda su vida? Algunos no gastan, viven modestamente por pura cicatería. Tan cicateramene como tratan a sus inquilinos. Alentados y jaleados por inmobiliarias –cuanto más alto sea el precio, más sustanciosa es su parte- y, esto es peor, por webs de anuncios, que nadie sabe cuanto se llevan por llamar “chollos” a cuotas mensuales similares a un sueldo, o festejan el vivir en una habitación, disfrazado tras el eufemístico “alquiler compartido”; estos sí serán los más ricos del cementerio. O sus sucesores podrán dilapidar el fruto de la usura, si los tienen; si tienen familia. Sí, para eso sí la tendrán. O se lo quedará Hacienda… Ya podrían redimirse entregando a obras de caridad lo que ahora sacan a otros. O, sin que medie caridad, bastaría con disminuir su nivel de avaricia.
 
¿Para qué les sirve el dinero? ¿Qué van a hacer con más del que pueden gastar? Estos, los que no gastan pero guardan, los que acumulan, son los pobres hombres (y mujeres), que no hombres y mujeres pobres. Pero no siempre es dinero, que están los otros, los potentados, los que mandan en el mundo. Los que tienen poder para quitar y poner gobiernos. No son peores, pero hacen más daño. Ellos no buscan el dinero buscan poder. Con un problema: al fin y al cabo, dinero es poder. Un problema para los demás. Pues, para hacer un buen apalancamiento, es necesario dejar a mucha gente en la miseria.
Las cifras separan, unen las actitudes. Actitudes egoístas, incapaces de suplir su falta de aptitud. El mismo egoísmo, la misma ambición. Los buscadores de beneficio-a-costa-de-cualquier-cosa disfrutan el mismo nivel  humano de quienes crearon una crisis para llenar sus bolsillos.
La cantidad es lo único que los aleja, sí, pero no por voluntad propia, que todos buscan más. Quien cree un derecho vivir del sueldo del vecino, no es mejor que quienes legislan para posibilitarlo; ni quienes llevan su intransigente megalomanía a desechar cuanto no es halago a sus errores, ni que quienes sueñan –como dijo aquel síndico- cada mañana con una debacle, o quienes cierran empresas para hacer las suyas más grandes, aunque la miseria provocada aumente sus ventas en proporción ínfima, o detraen recursos del hambre de muchos. A su manera, a su nivel, todos defienden lo mismo. Todos comparten la misma responsabilidad.

 

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