“LION”

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“Lion” es la película que toda persona que aprecie el séptimo arte debería ver. Historia traída de la mano del propio protagonista, Saroo Brierley, que narra su historia en el libro “ Un largo camino a casa´´ y es llevado a la gran pantalla por Garth Davis. Y como frase icónica del film “Para saber quién eres, debes saber de dónde vienes´´, para disfrutar la crítica, antes debes ver la película.

Estamos ante la historia de un niño indio, Saroo Brierley, que vive con su familia en una humilde casa en una olvidada aldea del país. Con tan sólo cinco años se pierde en las calles de Calcuta, a miles de kilómetros de casa.

Como ya he comentado antes, el director de la película es el australiano Garth Davis, que hasta el momento de “Lion” nunca había trabajado como director. Entre sus proyectos anteriores, se encuentra “Top of the Lake” y “Love My Way” (series de tv). Película de género dramático que consigue aunar la infancia, la pobreza y la adopción, dando un (cóctel) apetecible y agridulce; no apta para todos los públicos, pero si recomendable para mayores de 12 años,  ya que el mensaje de la película (debe) quedar impreso en los corazones de los espectadores, creando conciencia de la triste realidad y en general, de lo egoísta que es el ser humano. El guion está bien plasmado, poniendo un pero, y es, que pierde un poco de intensidad en  mitad de la película, genialmente salvado por la interpretación de Dev Patel (Saroo Brierley de joven), este actor que ya nos sorprendió con su gran actuación en Slumdog Millionaire.

La idea central de la película está perfectamente expresada, además de conducirnos de una manera magnífica por el argumento hasta desembocar en la máxima de los sentimientos con el regreso de Saroo a casa. El principio del film nos acerca a la historia de Saroo niño, de cómo se pierde y  porqué  acaba en el centro de niños, donde es adoptado por una familia australiana. En su nueva casa nos dan algunas pinceladas de su nueva vida y a modo de inmersión, la historia avanza 20 años; después vuelve a saltar en el tiempo, y el momento final de la película se detiene en 2012. Durante todas las escenas de la película hay más momentos sin diálogos que con ellos, lo que me resulta mucho más atractivo, ya que los actores tocan la fibra sensible sin apenas articular palabras en los momentos más emotivos de la proyección. Al hilo de esto, destaco un aspecto muy importante perfectamente ideado; la conexión de Saroo adolescente con el Saroo niño, y es el jalebi (dulce típico indio de color rojo), que estando en una fiesta hace recordar a Saroo aquellos momentos en los que deseaba tener miles de ellos; siendo el motor para ponerse a investigar sobre sus orígenes.

A rasgos generales todas las actuaciones son normales, pero por encima del resto destaca la de Dev Patel que da toda la carga sentimental que necesita el personaje. Los actores de Bollywood también cumplen con el papel, sobre todo Saroo, que genera una  empatía absoluta transmitiendo el sufrimiento, la desesperación y el miedo hasta que consigue ser adoptado. Con unas miradas y gestos muy particulares consiguen transmitir en todo momento un fuerte impulso dramático que cala al espectador; siempre combinado con primeros planos, que se utilizan precisamente para causar ese efecto. El drama es fácil de conseguir si sumamos los siguientes factores: niño perdido, pobreza, miseria, mala fortuna y planos cortos.

En cuanto al aspecto musical, destacar con la sensibilidad que acompaña durante toda la película el trabajo de Volker Bertelmann y Dustin O’Halloran, cargando de emotividad los momentos cruciales del film. No solo la música da magia a la obra, ya que continuamente está presente el silencio y el ruido de fondo; por ejemplo, cuando Saroo está perdido en Calcuta, lo que acompaña a la secuencia de escenas del niño es el ruido de la gente en la calle y los trenes.

Hay aspectos que están muy bien trabajados como lo último que he comentado, además me gustaría destacar como curiosidad el recurso que utiliza Garth para cuando Saroo se duerme; apagándose poco a poco la luz de la pantalla dejando una oscuridad absoluta, simulando que cierra los ojos. Junto a ello, juega con planos subjetivos en sombras, ambientación perfecta de la India y con la dicotomía de dos mundos paralelos, pero infinitamente diferentes. Siguiendo con esto, me gustaría acabar remarcando la intención que tiene la película.

Queda evidente al final de la proyección con las imágenes de los protagonistas reales de esta historia, que se busca una concienciación sobre el tema de la ayuda a niños desfavorecidos, que no han tenido la misma suerte que la inmensa mayoría de niños occidentales, y que luchan día tras día por poder llevarse algo a la boca. Vivimos en un mundo capitalista que nos conduce al desequilibrio económico y social, quedando patente en el film, y de cómo existen algunas personas en el mundo que aun pudiendo concebir hijos, prefieren ayudar a niños que por x circunstancias viven en una pobreza infinita.

Es posible que no sea la mejor película de la historia, pero consigue que nos pongamos en la piel del protagonista y nos demos cuenta del favor que podríamos hacerle a alguna de esas criaturas desafortunadas. Aprenderemos con estos ejemplos a ser menos egoístas y en definitiva, a ser un poco más humanos.

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