Estos días no paramos de decir #quedateencasa¿Pero qué ocurre con aquellas personas que tuvieron que abandonarla hace tiempo huyendo del horror? Mientras el mundo se enfrenta a la pandemia de COVID-19, los riesgos para las personas refugiadas en las islas griegas se multiplican cada hora que pasa.

En los campamentos de Grecia, miles de personas mayores, con enfermedades crónicas, niños, niñas, bebés, mujeres embarazadas y personas con discapacidad soportan condiciones de vida inhumanas. Alrededor de 37.000 personas están hacinadas en Lesbos, Chios, Samos, Kos y Leros, en instalaciones con capacidad  para poco más de 6.000. El acceso en estos campamentos al agua, baño o duchas es extremadamente limitado, al igual que la comida. Viven en carpas o contenedores que no tienen calefacción y el personal médico es insuficiente.

Ahora, también se enfrentan a la amenaza del coronavirus, cuyas consecuencias pueden ser catastróficas para los campamentos, donde podrían morir muchas personas si se extiende el virus. ¿Y qué hace el gobierno griego? En lugar de proteger a estas personas, está restringiendo aún más su movimiento y continúa rechazando las solicitudes de asilo de los recién llegados, algo que agrava aún más la situación

Grecia debe tomar medidas ahora, que todavía está a tiempo, para proteger la salud de toda su población, tengan nacionalidad griega o no, y eso significa trasladar a las personas refugiadas a un lugar seguro.

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