Las mujeres también luchan

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Soy hija, soy madre, soy hermana, soy esposa, pero antes que todo esto soy mujer. Soy un ser humano y debería ser igual que tú, igual que todos, pero no es así, soy diferente. Vivo en un mundo que me oprime, me viola, me mata… Es cierto que en el llamado “primer mundo” esto ocurre de forma distinta, pero ocurre.

Soy europea, soy mujer y no soy libre, y puede que nunca lo sea. Puede que nunca sea libre, sigo estando obligada a ir con tacones al trabajo, sigo estando amenazada con el despido por un embarazo. Nunca seré libre si me siguen violando en las fiestas, si me merezco que me violen por el largo de mi falda. Nunca seré libre si sigo teniendo que luchar contra un techo de cristal que no me deja ascender… Si sigo así, nunca seré libre.

Podemos pensar que ya somos libres porque hemos avanzado mucho pero ¿Cómo ya podemos votar y trabajar la lucha ya ha acabado? No, solo ha empezado. Debemos ir más lejos y luchar por nosotros, por nuestros iguales, por las mujeres de África y las de América, por las de Oriente y las de Occidente, por las mujeres de ahora, por las vendrán, por las que ya no están. Sobre todo por ellas, por las que ya no están, por las que lucharon porque hoy puedas votar, por las que murieron porque tú puedas ponerte un pantalón o alistarte en el ejército, por los esfuerzos de aquellas que daban clase a escondidas, por todas ellas debemos luchar.

Luchar por una igualdad total, por un salario digno, por eliminar la brecha salarial, porque los padres también puedan tener baja por paternidad, porque no puedas despedir a una mujer embarazada… Por eliminar las barreras y los roles de género, luchar porque los hombres puedan expresar sentimientos y las mujeres puedan ser directivas, porque las mujeres dejen de ser consideradas bienes de consumo. Luchar por cosas básicas como la educación por y para todos, un lenguaje inclusivo o igualdad ante la ley.

Luchar porque las víctimas de violación sean eso, victimas, y dejen de ser provocadoras que lo buscaban. Que la ropa sea una forma de expresarse y no una forma de juzgar a los demás. Luchar por romper estereotipos, tanto estéticos como de otro tipo, tanto para hombres como para mujeres.

Luchar y educar es lo único que podemos hacer para alcanzar la igualdad, una igualdad que necesitamos de manera desesperada.

Luchar por la igualdad no solo beneficia a las mujeres, también al resto de la sociedad. Y tú, ¿Por qué luchas?

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