La promesa

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Nacer y crecer en un campamento de refugiados no debería ser algo que experimente un niño, no es cuestión de suerte, de “cosas que pasan” o de ” por qué a mí”; es una injusticia y punto.

Pero todos los niños al final acabamos adaptándonos a vivir ahí, porque no hay otra y creces con un único color en las pupilas; el marrón y aprendes a construir tus propios juguetes de la nada; Un día una lata de atún se convierte en las ruedas de un cochecito. Al otro día una rueda de un coche es tu motor de aventuras y si te hablo de los globos, no sabría describirte cómo nos impacta ver un trozo de plástico volando. En realidad dentro de todo ese caos, los niños que nacimos ahí no perdíamos la inocencia, pensábamos como adultos, madurábamos antes de tiempo, pero volvíamos a nuestra niñez con un caramelo traído de España o un simple bote de Nocilla; Pero a veces esa niñez desaparecía cuando encendíamos la televisión y veíamos otro mundo. Todos los niños hemos pensado siempre en ¿porqué nosotros no? Pero no es ninguna pena, nos daba fuerzas para prometernos a nosotros mismos que podíamos salir de ahí, podíamos estudiar, trabajar y salir.

Era una promesa que teníamos todos en común.

Este es Ali, mi primo de 5 años y nació en un campamento de refugiados como yo.

Estás rejas que le cubren, reflejan la separación de todos los saharauis por un gran muro. Reflejan la desinformación que nos rodea, el bloqueo que tiene nuestro pueblo. No son rejas de pena, ni de frustración, son rejas que reflejan una realidad; Son las rejas de una ventana donde todo el mundo es espectador, pero nadie la abre.

Todos los veranos mi primo me hace la misma pregunta “¿por qué no me llevas contigo?”, nunca sé qué contestarle, solo le sonrío y le digo que le llevaré, pero al verdadero Sáhara; Él no se lo cree nunca, pero es una promesa que tengo y que espero que algún día cambie esa pregunta por ¿Vamos ya al Sáhara?

 

Ojalá algún día no tengas que crecer en un campamento de refugiados, ojalá rompas esas rejas que te separan de tu verdadero mundo y ojalá que si yo algún día no cumplo la promesa, lo hagas tú por mí.

Por ti y por todos los niños refugiados del mundo.

 

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