La mutilación genital femenina o MGF sigue entre nosotros. Pueblos de Asia y África pretenden que con este atroz ritual las niñas se preparen para el matrimonio y la vida adulta. Aunque sus motivos difieran según la región del pueblo, la mezcla de factores socioculturales hace que las familias y comunidades no se planteen el tipo de rito que están llevando a cabo. Además, esta práctica no se concentra solamente en estas zonas, sino que llega a todos los países debido a los movimientos migratorios y, por tanto, es un problema de todos.

Aunque desde 2011 la mutilación está prohibida, en algunas zonas rurales se sigue practicando esta dolorosa costumbre como en la tribu Masai, uno de los poblados de Kenia y Tanzania. Al contrario de lo que creen los masais y otras personas, esta práctica no aporta ningún beneficio, sino que es un atentado contra los derechos de las mujeres y niñas, viola los derechos de la salud, la seguridad, la integridad física, infringe el derecho a no ser torturado y el derecho de la vida ya que en algunos casos llegan a morir. Cada vez que se practica alguno de los cuatro tipos de MGF, la lista de riesgos aumenta y tanto las consecuencias a corto plazo, como las hemorragias, la fiebre, el dolor intenso, los problemas urinarios, como las de a largo plazo, infecciones urinarias, trastornos psicológicos, problemas menstruales, vaginales y sexuales indican que, aunque la niña sufra, la tradición debe permanecer.

Pero es aquí cuando Lucy Sayore entra en juego. Esta increíble mujer, con su palabra y unos cuántos vídeos, divulga en qué consiste realmente este procedimiento y lo perjudicial que es en las niñas, todo con el objetivo de que la MGF se erradique completamente. Mientras que el contenido multimedia es reproducido, algunos espectadores, niños y niñas, se tapan las orejas para no oír los quejidos de la niña a la que le están practicando la mutilación genital. Otros, se tapan los ojos o giran la cabeza para no ver más.

La propia Lucy Sayore afirma que es una experiencia extremadamente dolorosa y que se acuerda de ese momento, cuando tenía la temprana edad de doce años. Ella misma manifiesta que si le hubieran dado a elegir en ese momento, se negaría ya que, desde el primer corte, muchas niñas pierden la consciencia y cuando despiertan, sólo sienten dolor.

Gracias a sus vídeos y charlas, Lucy ha salvado a 16000 niñas de la MGF. Quizás, más iniciativas como la de esta mujer, harían que más de uno, en vez de girar la cabeza para no verlo, abriera los ojos y recapacitara sobre sus propias tradiciones.

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