La música YA no es delito

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Me imagino paseando por las calles totalmente en silencio, me imagino las esquinas vacías, la soledad. Visualizo la belleza del empedrado de Granada mojado por la lluvia sin nadie alrededor. Silencio absoluto, tétrico, ensordecedor, final.

Después imagino algo más cercano. El ruido de los viejos y contaminantes autobuses de línea, el tráfico y las motos, las máquinas sopladoras de la empresa de limpieza pública, el atronador motor de los camiones de basura, sus golpes contra los contenedores, la caída de la basura…

Y me paro y observo la realidad. Me llega el sonido de un violín en las Pasiegas, me acerco y me emociono con la majestuosidad de la Catedral mientras me embarga la melodía que toca cada milímetro de mis sensaciones. Subo a San Nicolas y lloro con la Alhambra mientras retumba en mi alma el toque de una guitarra, fragmento de nuestra cultura e historia. Me lleno de emociones ante esa Graná sensible, culta, ante el respeto de mis gentes cuando aman el arte; llega abril y una marcha mece la tradición de mis ancestros al doblar una esquina. Flamenco por las esquinas, violín en una plaza, «Palio blanco» para la Aurora de Granada. Todo es música, todo es emoción, arte y tradición. 

Después ando por la estación de trenes, de autobuses, paseo por el Violón… y lloro; también lloro. Pero de tristeza ante el abandono de un kiosco callado, ante una esquina callada mientras un viajero pasa. Que bello sería dar una acogida con el Granada de Agustín Lara a los pies de esa estatua monumento a quienes se fueron. Ruido, motores, vacío, soledad para los que llegan, abandono a los que se van. 

Entro en un pub, una pareja canta, un piano suena en un bar del Realejo y en calle Elvira el lamento del flamenco inunda el alma en un callejón. 

Esa es la música. La esencia que transforma una calle, que transmuta el ánimo, que llena las paredes de aquel viejo pub donde Alberti -viejo capitán- entonó sus poemas. 

 

El pleno Municipal votó SÍ; por unanimidad. Una iniciativa de LOA y Granart con el apoyo de Izquierda Unida, Unidas Podemos e Independientes de Granada. Pero ¿Ahora qué? ¿Una moción para regular la música? ¡No! Un apoyo máximo a la cultura, a Granada, a sus gentes, a sus comercios. Esto trata de arte, de historia, de tradición, de capitalidad europea y de economía; de sustento para pequeños emprendedores, para nuestra gente que se levanta cada día para poner nuestras tapas, nuestra cerveza, nuestra esencia. 

Esa moción asegura la continuidad de establecimientos que no optan por alcoholizar a los jóvenes, sino por ofrecerles música, teatro, cine. De dar una base a pequeños grupos como lo fueron un día Callejón de la Luna, a los Planeta o muchos otros que estarán en escenarios grandes de enormes ciudades, pero que tendrán el orgullo de decir: yo nací en Graná, mi música nació en Graná. Y eso es parte de la grandeza  de esta joya que cuando se levanta mira a la Sierra y se llena de la belleza absoluta. 

Por la música, por la cultura, por Granada

 

 

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