Tras una caminata que pareció más un sueño que un peregrinaje, lleno de impresiones inconexas que luchaban por ordenarse en su cabeza mientras que sus ojos, mudos, ciegos, existían solo hacia dentro, por fin llegó a lo alto de aquel terraplén. Las nubes cabalgaban sombrías el cielo, con paso pesado pero exacto; doradas manadas de bisontes tan lentos que parecen quedos, sintetizando en su movimiento el tiempo y la eternidad. Los rayos de luz intentaban escapar de la turba celeste para arrojarse al suelo, donde podían morir con dignidad. Acaso ni eso podrían hacer en esa tierra.

 

La ciudad que se veía desde el terraplén era desoladora, la guerra bacteriológica acabó con todos los humanos de allí hace tiempo: los coches se acumulaban vacíos en las calles, hasta tal punto que solo un animal del tamaño de una ardilla o menor podía transitar por allí. Curioso, ni después de la muerte terminan los atascos. Edificios ruinosos abrazados por las verdes enredaderas, centros comerciales donde sobrevivían las alimañas alimentándose de restos humanos, hamburguesas del burguer king, ropa del Primark, haciendo el amor en la tienda de apple donde una cámara, solitaria, les observa; ruina para unos, primavera prometida para otros. La mirada de X no alcanzaba a ver tanto desde el terraplén, solo veía una inmensa soledad irguiéndose en forma de ciudad.

 

Se sentó y quiso tan solo contemplar. Se levantó, pensando que sentarse en aquella ocasión era una falta de respeto y de solemnidad hacia el espectáculo que se le ofrecía, que tampoco duraría mucho. Tras tanto tiempo le habían descubierto y probablemente estarían ya detrás suya, aquello solo sería una despedida rápida. Dado que iba a morir dentro de poco, pensó que daba igual estar de pie o sentado, así que se sentó de nuevo.

Pero si daba igual sentarse o estar de pie, ¿que motivo habría para hacer uno o hacer otro? La indiferencia solo existe hacia la distancia, la cercanía nos reclama responder, y una respuesta siempre implica una inclinación hacia una opción u otra, un deseo. Con esto en mente, pensó que lo mejor era aceptar el deseo que tenía dentro y se decantó por levantarse.

 

Ahora bien, ¿por qué deseaba lo que deseaba? ¿Era suyo su deseo, o le venía de la sociedad, esa de la que escapó en su momento hacia el campo para ser lo más auténtico posible? Que haya que estar de pie para mostrar respeto hacia algo, como signo de asombro, no es algo que vaya en el código genético, es una construcción social, una costumbre de la que nosotros participamos y a la vez perpetuamos. Volvió a la pregunta de nuevo, ¿es suyo su deseo o era de la sociedad? Luego, volvió a reflexionar, mientras la brisa acariciaba su cuerpo cansado y gris: ¿Es que acaso existe un deseo en el que no esté la sociedad indirectamente? ¿Puede existir un deseo más allá de ella, cuando esta nos ha proporcionado lo que debemos desear mediante costumbres?

 

¡En vaya lío conceptual se había metido el pobre! Seguía allí sentado mientras pasaban las horas. El tiempo seguía su marcha. Implacables, pájaros sobrevolaban la zona casi desértica mientras se dirigían hacia donde acaba la tarde. A veces X pensaba que el deseo es algo totalmente personal, que va incluido en todas las formas de vida y que finalmente es él quien tiene la última palabra a la hora de decidir lo que hay que hacer, otras pensaba que el deseo de un ser vivo inconsciente no es el mismo que el de un ser vivo consciente rodeado de otros seres vivos conscientes, a los que tenía que tratar como sujetos y no como objetos, luego intentó definir lo que era la consciencia, finalmente acabó pensando sobre la política…

 

Al cabo de unas horas de puro ensimismamiento, ajeno al mundo, entrado en el más puro trance por fin encontró la solución al enigma: la consciencia, el deseo, la política, la libertad, el si tenía que levantarse o quedarse sentado observando la ciudad, todo tenía respuesta.

 

Un sonido demasiado cercano interrumpe sus profundas y reverenciales reflexiones, es el cañón de un fusil tocando su sien, apretando para hacer acto de presencia. No es la única pistola que está allí. Cerca de 7 personas le apuntan a las partes mortales de su cuerpo. Han llegado. Él, sin embargo, está muy contento, tanto, que apenas le llegan los golpes de los militares, que le apresan con violencia, apenas tampoco su discurso, tan solo un breve hilo lejano “…queda usted detenido por crímenes contra la humanidad…colaboración en el desarrollo del virus Stygma…experimentación con humanos…armas políticas, infección…

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