¿Imaginamos a Granada sin la Alhambra? ya no hablo de lo que supone a nivel económico y de atracción turística, sino en el sentir de los granainos, mirar hacía la Sabika y ver un monte de árboles sin esa bandera ondeando al aire que es la torre de la Vela. ¿Imaginamos esos atardeceres desde el mirador de San Nicolás, sin que la silueta del castillo rojo rompa Sierra Nevada? Imposible.

Conocemos sus jardines, sus almenas, sus fuentes, sabemos de sus túneles y muchos de sus secretos; se ha clavado en nuestras mentes y en nuestros corazones y es más que un símbolo o un trozo de nuestra historia; pero ¿imaginamos que hoy fueran una ruina? ¿Unos ladrillos desechos que la lluvia arrastrase hasta el Darro como si de un río de sangre se tratara? Pudo ser. 

Cuando el rey felón Fernando de Borbón (Fernando VII), muy en consonancia con la tradición borbónica traicionó España, comenzó una invasión por parte de los franceses, aliándose con Napoleón Bonaparte o más bien rindiéndole un vasallaje servil y hasta humillante, en el que incluso le llegó a pedir ser su hijo adoptivo a través de una carta más en linea con 50 sombras de Grey, que con la actitud de un monarca:

“Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de S.M. el emperador nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta adopción que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por mi amor y afecto a la sagrada persona de S.M, como por mi sumisión y entera obediencia a sus intenciones y deseos”

Una carta que merece la pena ser estudiada a fondo, pero que no sólo esconde esa veneración y entrega del rey felón a Bonaparte, sino a la intención de darle la península a Francia, lógicamente no gratis, puesto que fue “apresado” en un palacio donde se dedicó a montar a caballo y bordar (sí, bordar, mientras los españoles luchaban contra los invasores y eran fusilados y asesinados) entre otras muchas actividades lúdicas, rodeado de criados y sin tener que preocuparse de sus obligaciones como monarca –el amor de los borbones por el dinero ha sido y sigue siendo histórico-; llegando incluso en la boda de Napoleón Bonaparte a gritar: “Viva el Emperador, nuestro Augusto soberano, viva la Emperatriz”, menudo prisionero asistiendo a  bodas imperiales; una actitud no muy digna para alguien que se supone debe velar por los ciudadanos del país sobre el que supuestamente reina y estaba sido invadido y saqueado. 

Esa ocupación por parte de los franceses supuso, como en todas las guerras, robos, expolios, ocupación de palacios y resistencia que dio pie a dos guerras que duraron seis años, una contra el ejército francés y una guerra civil entre patriotas y afrancesados. La “Francesada” acabó un 21 de junio de 1813 tras la batalla de Vitoria, pero casi un año antes el mariscal Soult, considerado el mayor expoliador de Europa, ordena destruir la Alhambra con explosivos antes de retirar a su ejército, las mechas llevaban a las cargas explosivas el fuego maldito haciendo volar la torre de la Barba y dañando gravemente la de los Siete suelos y la del Agua, desde el llano, los granainos veían como se había condenado a la Alhambra un 17 de septiembre de 1812;  y cuando pensaban que estaba todo perdido, las explosiones pararon ante los atónitos ojos de los franceses que ya habían iniciado su retirada.  

 

 

 

 

 

Puerta de los siete suelos

Un cabo del Cuerpo de Inválidos, -batallones formados por personas con discapacidades originadas durante conflictos bélicos-, se tiró al suelo y cortó la mecha que conducía el fuego a las cargas explosivas que debían volar los palacios que embelesan nuestros sentidos al pasear por Granada

Poco se sabe de nuestro hombre, leyendas que circulan sobre su lugar de nacimiento, imágenes inventadas, motivos por los que estaba en aquel momento en el recinto… José García fue un soldado que participó en 1808 en la batalla de Bailén, allí sufrió graves heridas perdiendo una mano y quedando cojo, siendo mutilado de guerra e ingresando en el Cuerpo de Inválidos; la función de este cuerpo era la de vigilancia, dado que por su escasa posibilidad de movilización apenas podían cumplir otra función. Los historiadores, a pesar de los pocos datos sobre este hombre, no dudan de su existencia y acto heroico debido a dos hechos principales: primero la existencia del acta de defunción fechada en 1834 tras una larga convalecencia debido al cólera y segundo porque desde aquel momento se le asignó al Cuerpo de Inválidos la vigilancia de todos los recintos de la Alhambra  y cuidados de los bosques, parques y jardines, trabajo que fue pasando de padres a hijos cuando el cuerpo se disolvió.

Mañana, esta tarde, cualquier día cuando camines por el Paseo de los Tristes, o vayas al Sacromonte; cuando desde tu ventana o desde cualquier calle de Granada divises las almenas de la “al-Hamra” (Alhambra) recuerda a D. José García, aquel hombre al que le debemos que nuestros corazones se inflamen y los ojos se deleiten con una de las mas bellas construcciones del planeta. Gracias D. José. 

 

Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas

que Dios ha hecho incomparables en su hermosura,

y una escultura de perlas de transparente claridad,

cuyos bordes se decoran con orla de aljófar?

 

Plata fundida corre entre las perlas,

a las que semeja belleza alba y pura.

En apariencia, agua y mármol parecen confundirse,

sin que sepamos cuál de ambos se desliza.

¿No ves cómo el agua se derrama en la taza,

pero sus caños la esconden enseguida?

 

Fragmento del poema esculpido en la Fuente de los Leones

Ibn Zamrak

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here