Jesús de Nazaret fue un apátrida

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Vivir sin derechos, ni tan siquiera  a lo más mínimo: a una nacionalidad.

Muchos presumen de ser ciudadanos del mundo, de no creer en las fronteras, patrias ni naciones. Otros no tienen el derecho a ello.

La imagen idílica de los apátridas como personas que renunciaron a su nacionalidad y, en un gesto extravagante vivieron en aguas internacionales se ha esfumado y convertido en una realidad terrible y angustiosa.

Sin estar inscritos en ningún archivo, no se pueden casar, no pueden tener propiedades, conducir, viajar, acudir al médico o abrir una cuenta bancaria -en un mundo donde nos obligan a tener cuentas y “alimentar” a estas grandes empresas-  y lo más espeluznante: su descendencia está condenada a ser apátridas; niños recién nacidos sin pediatras y condenados de por vida a vivir sin derechos siendo las víctimas ideales para las redes de tráfico de esclavos (trabajos forzados, extracción de órganos, prostitución…) pues no existen y si desaparecen jamás se sabrá. Además al estar fuera de los circuitos judiciales no pueden denunciar.

Mientras tanto, un ministro español, el mismo que siendo alcalde de Sevilla se atrevió a firmar un decreto que multaba con 750 € a las personas que buscaban comida en la basura, se permite el lujo de culpar a las ONG de fomentar la emigración, según ellos ilegal; es decir, estas personas están instigadas por organizaciones humanitarias, no por gobiernos como el español que crea convenios de venta de armas, que colabora con estados que vulneran los Derechos Humanos y los protege evitando denuncias (me pregunto por qué algunas ONG no han protestado… ¿las subvenciones tienen un precio?).  

No es que estén huyendo del hambre, la miseria, campamentos de refugiados hacinados, violaciones, amputaciones, los efectos del cambio climático en las zonas más perjudicadas; no, están instigados por las organizaciones no gubernamentales para “justificar” su existencia, esa es su versión.

¿Quiénes son los apátridas? Todas aquellas personas que no tienen nacionalidad, inmigrantes “ilegales”, refugiados en campamentos, hijos de refugiados y emigrantes. ¿Me equivoco o Jesús de Nazaret fue un exiliado huyendo de la persecución junto a su Madre? Fue un emigrante “ilegal” en Egipto y la madre también llevaba un pañuelo en la cabeza.

No se les reconoce como exiliados porque habría que reconocerles derechos y sus hijos serían del país donde nacen. ¿Qué se hace en ese caso? Sencillamente ignorarlos, hacerlos apátridas de forma que ningún gobierno tenga responsabilidad sobre ellos; no son nadie, viviendo en una tierra que no les pertenece.

¿Las cifras? 10 millones de personas, seis nacimientos a la hora de niños sin derechos. Pero, ¿cómo se puede saber? Se estima, se supone, se cree… al fin y al cabo, si no estás en un archivo no existes, por lo tanto ¿quién puede saber cuantos nacimientos y muertes se producen? ¿a quién se mata o esclaviza? ¿quién se tira al mar en una barcaza y muere ahogado? Cifras absurdas que intentan acercarse a la realidad numérica, pero no a la emocional, sentimental, mental. Personas con nombres, madres, hijos, esposas y/o esposos, sueños y metas que se han convertido en nada, en un estorbo para los estados.

Por cierto “señor” ministro Zoido, El de las tres caídas, como digo más arriba, también se refugió en un país extranjero junto a su madre huyendo de la persecución. Tenga cuidado y, antes de ponerse la túnica de ruan negro, recuerde sus palabras. Igual alguna  fuerza le impulsa a reflexionar sobre el verdadero sentido de ese acto y le obliga a ser coherente: por encima de la política está la moral, cada uno tiene la suya. Usted y yo sabemos de qué hablo.

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