Esta puede ser la cuarta o la quinta vez que escriba este artículo desde el principio; siempre había algo que me hacía sentir un poco incómodo tratando este tema, porque no soy quién para hablar sobre esto, pero creo que se debería tratar de algún modo u otro. Al menos, dejadme hablaros sobre esto desde una perspectiva de alguien cisgénero. Yo también necesito aprender en este sentido, y creo que escribir un artículo pequeño sobre esto puede ayudar a que ese debate continúe y pueda, esperemos que pronto, hacer lo que ellas y ellos necesitan:¡tener voz en una sociedad que sigue silenciándolos! Y es que, en estos últimos treinta días, no han parado de dar pasitos para atrás y hacia delante.

Uno de los pasos para atrás (y para adelante al mismo tiempo) ocurre cada año el día del 8-M. ¿Qué ocurre? Hay un ala del feminismo, las llamadas “feministas radicales trans-
excluyentes” (llamadas TERF, por sus siglas en inglés), que consideran a las mujeres
transexuales fuera del propio movimiento del Día Internacional de la Mujer. La principal razón de esa marginalización es que las siguen considerando hombres que se quieren hacer pasar por mujeres, o que ellos jamás llegarán a sufrir esa discriminación que sufren las mujeres cisgénero. Por eso, cada vez que surgen eventos y producciones que deciden incluirlas dentro del propio colectivo, las redes sociales montan revuelo y explotan en ese sentido a tener ese debate: ¿una mujer trans puede celebrar el Día de la Mujer? Necesitamos abrir el espectro. Necesitamos que aquellas personas que, por su identidad, se vean identificadas por los distintos movimientos sociales que se unan, que alcen su voz y que intenten luchar por algo en lo que crean porque lo único que demuestran es tener esa empatía con el resto de miembros. Lo único que va a traer a esas luchas es positivo: más voces, más diversidad y más fuerza.

Otro de los pasitos para adelante (y para atrás también) es el tema de su visibilización en los medios y su, a la vez, invisibilidad. Gracias a Los Javis, ya tenemos en España una serie que nos hablará de la lucha de dos mujeres trans por esa visibilidad y el respeto y poder verse como las mujeres que son. «Veneno» habla de la más que famosa Cristina “la Veneno”, de su transformación a esa mujer explosiva que conquistó la televisión de los noventa. A su vez, los espectadores van a ver cómo una joven Valeria Vegas, escritora de su biografía, se descubre a sí misma. En resumen: esta serie es entrar en la vida de dos transexuales importantes de este país para plantarle a la audiencia, con todo el cariño, cómo el mundo es para ellas, y para otras mujeres que han seguido caminos similares. Otro positivo de la serie es que han contratado a actrices para estos papeles que son, en la vida real, mujeres trans.

Sin embargo, la otra cara de la moneda la encontramos en dos producciones importantes de Netflix: La Casa de Papel y, fíjate tú, La Casa de las Flores. La primera estrenó el pasado dos de mayo su cuarta parte con críticas por parte de algunos fans por incluir a Belén Cuesta como “Manila”, una mujer trans. Y después tenemos el caso de La Casa de las Flores, con Paco León, haciendo de María José, una abogada española trans que era la antigua pareja de Paulina de la Mora. Las dos series no han utilizado a mujeres trans auténticas para interpretar ambos personajes. En mi opinión, aunque entiendo las críticas hacia La Casa de Papel, me parece que si hubiera una mujer trans haciendo el papel de María José en La Casa de Papel, la actriz se podría haber visto muy incómoda interpretando muchas de las escenas de la serie. Y, al final, se trata de una serie de humor negro, donde buscan hacer esas burlas con todo y no han temido en contratar mujeres trans para otros papeles. Sin embargo, en el «caso Manila», sí que considero que la problemática y las voces en alto tienen motivos para estar cabreadas. En este caso, no hay ningún motivo por el que no se debería haber contratado a una chica trans para este papel.

Porque sí, decir que una mujer cis puede hacer de trans y viceversa es cierto. Poder, pueden, pero no les dejan. Ahí está el problema: si las actrices trans fuesen contratadas para papeles de trans y papeles de mujeres cisgénero, pues no habría tanto cabreo. Pero en la vida real no funciona así, y las actrices trans se ven encasilladas en hacer solo de trans, y la inmensa mayoría de las veces como mujeres en situaciones de exclusión: prostitutas, drogadictas, etc. Por eso, mientras eso llegue un momento donde se arregle, se les pide a las productoras y las agencias de casting que al igual que para interpretar a mujeres y hombres cisgénero, no se les llama a ellos, las respeten y se les contrate a ellos en las escasas ocasiones de interpretar un papel así. 

Esta lucha necesita seguir adelante, necesita que se les escuche y se necesita, de verdad, más presencia para que las juventudes de ahora puedan tener esos referentes que, por desgracia, hay gente que necesitó en su infancia y adolescencia para no considerarse unos raros, y nunca los tuvo. ¡Alzad la voz y, si eres de un grupo más privilegiado, utiliza tu plataforma para que se les escuche con claridad!

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