El intestino y las emociones

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Todos conocemos la sensación de tener encogido el estómago cuando estamos tensos, o cuando recibimos una mala noticia.  Por suerte, asimismo, también conocemos la sensación de tener el estómago lleno de mariposas, por ejemplo, cuando recibimos una buena noticia o mejor, cuando nos enamoramos.

Es evidente, por tanto, que en nuestras tripas se ven reflejadas nuestras emociones.

Esta creencia, que durante siglos se ha mantenido a nivel popular, encuentra su refrendo por fin por parte de la ciencia.

Actualmente ya podemos afirmar, que el sistema digestivo incluye una  extensa red neuronal. Y aún más, estas neuronas no solo tienen la misma estructura que las neuronas presentes en el cerebro, sino que además liberan los mismos neurotransmisores, hormonas y moléculas químicas. Es decir que estamos ante un segundo cerebro.

La importancia de este segundo cerebro está aún en estudio, pero baste decir que en el intestino se produce el 90% de la serotonina, que es la hormona del bienestar.

¿Qué implica esta revelación? Pues algo tan sencillo como que al final somos lo que comemos, entendida esta acción en su acepción más amplia.

Esto supone que nuestras emociones afectan a nuestros intestinos y también al revés. Si comemos mal, alimentos poco nutritivos o incluso tóxicos , nuestras emociones serán susceptibles de desbaratarse. Del mismo modo un estado de ansiedad , tristeza o cualquier otra emoción negativa, afectará a nuestra capacidad de digestión, convirtiéndose el funcionamiento de nuestro segundo cerebro o Sistema Nervioso Entérico en la pescadilla que se muerde la cola.

Baste por tanto recordar, para mantener una vida emocional sana, unas normas mínimas de higiene intestinal:

-No comer si no  hay una sensación real, no psicológica, de hambre

-Reducir o eliminar la cantidad de grasas saturadas y alimentos procesados

-Incrementar la ingesta de fruta y verdura( al menos 5 piezas diarias)

-Consumir legumbres dos o tres veces por semana

-Beber 2 litros de agua diarios

-Tomar frutos secos crudos

-Consumir semillas de lino trituradas para facilitar la evacuación intestinal

-Hacer deporte moderado de forma frecuente

-Cualquier terapia o disciplina que nos suponga una mayor relajación o una reducción del estrés.

De esta forma reduciremos los cambios emocionales derivados de la autointoxicación, que se produce en nuestro cuerpo cuando la función de la digestión se ve ralentizada o perjudicada.

Todo cuidado es poco, pues nuestro cuerpo es mucho más que el envoltorio en que se aloja nuestra alma, es parte de ella. Cuidémoslo.

 

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