En estos días aparecen datos sobre la expansión del coronavirus en los meses de enero y febrero, que hacían prudente tomar urgentes medidas de contención, hacer acopio de los famosos “tests”, de aprovisionamiento de mascarillas y otros productos que en China usaban para vencer al contagio. Sabemos que hasta después de las manifestaciones feministas del 8-M no nos dieron estos datos, afirmaron que no existía riesgo de contagio. Es momento de unidad, de que “juntos podemos”, y también de ayudar a que podamos.

La Constitución Española, en su artículo 103.3 dice: “La ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad…” No se habla de las capacidades que tiene que tener un Ministro del Gobierno o su Presidente, pero es obvio que las Cortes parlamentarias deberían procurar que se escojan personas idóneas, al igual que para arreglar nuestro coche escogemos una persona que entienda de mecánica, hemos de escoger para gobernar personas que sepan llevar el país. En la opinión pública se duda sobre la idoneidad del Gobierno y de sus miembros, que están demostrando poca capacidad de liderar equipos en estos momentos de crisis.

Ante el caos actual, e ignorando lo del “mando único” del comité de crisis, las autonomías y ciudades procuran salvar los ciudadanos que les es posible. Un gobierno de coalición basado en chantajes, y no en competencias, no parece estar a la altura de las circunstancias.

Por favor, es la hora de los profesionales: dejar que las empresas construyan productos útiles para la Sanidad y demás necesidades básicas; dejar que los militares, guardias civiles y los cuerpos de policía y otros agentes sociales levanten hospitales, desinfecten calles y edificios públicos, y controlen que no haya asaltos a los sitios públicos y privados; dejar que circulen sin tantas retenciones los transportes de mercancías fundamentales para el país; dejar que los trabajadores sanitarios y los demás que nos dan ese servicio imprescindible tengan presupuesto para acceder a los productos necesarios para cuidar sus vidas y desarrollar su misión, etc.

Precisamente los órganos de la administración pública son más útiles cuando desarrollan sus principios de desconcentración y descentralización, y mucho más cuando los de arriba tienen capacidades muy limitadas: ¡por favor, es la hora de los profesionales! La hora de dejar que cada uno haga lo que sepa, y que nadie ponga palos en las ruedas del carro impidiendo que avance.

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