Iba buscando cualquier libro que me entretuviera cuando me topé con él a principios del 2019. Lo que me llamó la atención fue su título El hombre que no deberíamos ser y supuse que sería un hombre dando su opinión sobre el feminismo, imponiendo su perspectiva de hombre heterosexual blanco y cisgénero y que, lo más probable, iría enfocado solamente a los hombres. Pero me equivoqué.

Octavio Salazar no se deja nada en el tintero: en menos de cien páginas, explica cómo deberían ser los hombres para un mundo feminista. Analiza sus actitudes y da argumentos en los que se incluyen a las mujeres, donde ellas son las principales afectadas. Con todo esto, Octavio pretende divulgar una cosa: el feminismo no va en contra de los hombres.

El libro se divide en diez capítulos y un decálogo en los que plantea a los hombres diversas problemáticas para acabar con las actitudes, pensamientos e ideas masculinas que se le han ido imponiendo por el simple hecho de ser eso, hombres. Por otra parte, el decálogo lo escribe con el fin de llevar a cabo una revolución masculina. Maravilla de libro desde el primer capítulo.

En el primero, habla de la sociedad patriarcal que llevamos arrastrando y de si los hombres son conscientes de que el modelo de masculinidad por el cual se rigen no solo afecta a las mujeres, sino también a ellos.

En el segundo, divide a los hombres en cuatro grupos según su masculinidad: el primero es el hombre machista, el segundo es el que no se cuestiona su posición de privilegio gracias a la sumisión de las mujeres, el número tres es el que empieza a ser consciente de su posición de privilegiado y comienza a modificar su actitud y el último es el que ha hecho una revisión crítica de su identidad y ha sido militante en la lucha de la igualdad.

En los siguientes capítulos, el escritor analiza la figura del hombre como ejemplo a seguir ya sea por su riqueza, por su celebridad o por su poder político, la del hombre ausente, cuando ellos se iban y se van a trabajar, llegan a las tantas  y ellas debían y siguen estando al cuidado de los hijos, la del hombre violento, en la que él debe demostrar su fuerza contra el débil y reprimir sus sentimientos, la del hombre dominante que debe aceptar que por el hecho de ser hombre, debe ser quien rescate a la princesa y demostrar su virilidad y su violencia muchas veces, con su chulería.

El autor, también analiza al hombre desde el consumo de la pornografía, que influye en sus relaciones sexuales y de la prostitución. Para ello, Octavio propone “deslegitimar y desactivar la demanda […] De ahí que debiéramos empezar nosotros mismos, los hombres, por dejar de ser cómplices de una institución que explota a millones de mujeres en el mundo […] Un largo camino en el que podríamos empezar reconociendo que el Richard Gere de Pretty Woman no es un héroe romántico, sino un putero”.

Por último, el autor analiza cómo la masculinidad es un hecho que se confirma continuamente y por ello, desde pequeños, los hombres reciben comentarios de parte de familiares, amigos y conocidos para remarcar que son unos “campeones” y unos “machotes”. A su vez, los mismos hombres están al tanto de cómo habla o actúa otro hombre y, si no consigue seguir la línea de masculinidad establecida, se le ataca con comentarios con connotaciones femeninas. Otra vez, la mujer utilizada para infravalorar a los hombres.

Con esto, Octavio llega al hombre esclavo, ya que el modelo masculino que les exige la sociedad a veces tiene consecuencias sobre ellos. Un ejemplo que expone del hombre esclavo es el de los accidentes de tráfico. Por último, el autor llega al hombre invulnerable, donde propone que los hombres deben desprenderse de esa máscara de ambición, competitividad, infalibilidad y de fortaleza o acabará repercutiendo en las relaciones con cualquier persona.

Para acabar, en las últimas diez páginas Octavio propone un decálogo para llevar a cabo una revolución masculina para conseguir una reconstrucción del hombre y a la vez una construcción de la sociedad en la que hombres y mujeres puedan disfrutar de las mismas cosas.

Por si a alguna persona le quedase alguna duda, este libro no trata de empoderar a los hombres, trata de que ellos se cuestionen su propia identidad y su papel en la sociedad y así convertirse en aliados feministas para que ellas lideren el movimiento que busca romper con el patriarcado.

Porque el feminismo no es un asunto de mujeres, sino que es de todxs.

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