Parece mentira, pero no es mentira. Hay que ver, hay que ver, menos mal que el esforzado Gobernador del Banco de España, D. Pablo Hernandez de Cos, nos ha regalado pues… eso, pero con “Z”. Ha descubierto, él solito, sin paracaídas, que los andaluces ahorramos poco. (Ha dicho “los pobres”, pero como los pobres aquí somos los andaluces…) Y no por falta de ocasiones, que hay cuatro bancos, ya muy creciditos gracias a las concentraciones y al ajusticiamiento de las cajas de ahorros, esperando que les confiemos los nuestros, para poder flagelarnos con intereses y cobros por “servicios”. No, no es por falta de oportunidades, que están ahí, esperando. Ya no a la vuelta de la esquina, porque cada vez hay menos oficinas, pero nos esperan. (Y lo que te rondaré). El Excmo. Sr. Gobernador del Banco de España, él solito, sin ayuda, ha descubierto que los andaluces ahorramos poco “porque gastamos por encima de nuestras posibilidades”. ¡Anda! ¡Hala, a gastar!, en vez de entregarlo (depositarlo, le llaman) a los bancos para que se lucren mejor y más y nos puedan freir con comisiones y costos, que cuidar el sistema financiero es más importante que acudir al supermercado, dónde sí nos dan algo a cambio de nuestro (escaso) dinerito.

Todo un Excelentísimo señor Gobernador del Banco de España, que se conforma con unos “míseros” 12.731€ mensuales, x 14 pagas al año, advierte a las familias que esto no puede seguir así. (Seguro que no, Sr. Gobernador. En eso sí que estamos de acuerdo). Que vayan menos al super, que los precios suben que es una barbaridad, que utilicen jabones menos caros para la ropa y para el cuerpo, o que no gasten dinero en “tonterías”, que los castellanos de pro no se lavaban y, mira, fíjate tú lo bien que les venía el olorcillo para conquistar ciudades y echar a la gente de sus casas. Así, así se crea un Estado fuerte, así se hace patria. A ver qué va a ser esto. Y esa costumbre bárbara de comer dos veces al día, y hasta tres, con el precio que han alcanzado las verduras. Y tanto entrar en zapaterías. En África se colocan botellas de plástico atadas a los pies con lianas, y no pasa nada. Es que los andaluces nos hemos vuelto muy comodones. La verdad, siempre lo hemos sido. Pero hoy, en el siglo que hace el número veintiuno de esta Era, ya no es lo que era. Y no está la era para dar trigo.

El Banco de España sabe muy bien lo que dice. Y, si suben los garbanzos, no coman garbanzos. ¡Boicot al campesino y al recolector y al envasador de garbanzos! Pero ¿qué necesidad tienen los andaluces de comer todos los días?, deben haber pensado los sapientes técnicos del otrora “Banco de San Carlos”, que, fusionado con el de Isabel II y nacionalizado, dio paso al actual “de España”. Para que luego digan que España no se preocupa de nosotros. Por nosotros, seguro que no. Pero ¿de nosotros? Ya puede verse: se nos recomienda que ahorremos, que nos gastamos los seiscientos euros en “tonterías” como dar de comer a los niños y otras cuestiones carentes de importancia. Porque lo importante es ingresar nuestros 5’5 euros sobrantes (si algún mes sobra) en cualquiera de los cuatro bancos beneficiados por el Banco de España y el gobierno con las fusiones y absorciones. Los siete que han dejado vivos, y que todavía quieren reducir a cuatro, de los casi doscientos bancos y cajas existentes. ¡Cuanta división! ¿Cómo puede un Estado defender su unidad patria, si reparte el dinero de forma tan “desconsiderada”? Ahora es cuando esto está bien, como siempre han querido los beneficiados: cuatro familias para controlar el dinero de todos. Para que nadie se descarríe. Para que los dineros vayan a dónde tienen que ir, por dónde deben ir: a sus manos. ¿Qué sabremos nosotros, simples mortales, sobre el destino de nuestro sueldo? ¿Para qué están, entonces esos pro-hombres y esas pro-hembras, esforzados guardadores de la riqueza?

Lamentable desatino que la jocosidad no puede resolver pero ayuda (algo) a sobrellevarlo. Que un ¿gestor? con unos ingresos anuales de casi 180.000 euros, se permita el lujo de decir que el mileurismo gasta “por encima de sus posibilidades”, cuando un guiso para cuatro personas supera sin esfuerzo los seis euros de costo, que multiplicado por 30 días, por dos comidas diarias, sube a 360 euros; más desayuno, más limpieza, más vestido. Pero si el alquiler de la vivienda se va a 600 ó 700 euros ¿cuántos juegos malabares hay que hacer para vivir? Y estos economistas, sin ruborizarse, afirman que vivimos por encima de nuestras posibilidades. ¿Qué querrán que hagamos? Es que el problema es de fondo y de fondo están ellos: o bajan el coste de la vida o suben los sueldos. Así que menos hablar y más hacer. Tiene “guasa”, dejar caer eso y que el “buen” hombre siga en su puesto.

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Rafael Sanmartin
- Ex-Redactor -

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