Multas y cierre de bares por potenciar la cultura.

¿Dónde está la sensibilidad musical? Pues supongo que se ha quedado traspapelada entre proclamas publicitarias y una agenda demasiado apretada para poder afrontar el tema con rigor y seriedad, sin querer saber (o eso espero) que detrás de cada sanción está el futuro de personas, el proyecto cultural de jóvenes que en vez de estar detrás del “chupito” compaginan sus estudios reglados con una formación musical y artística, de personas trabajadoras que con esfuerzo han conseguido abrir un pequeño negocio que forma parte de un gran tejido empresarial hostelero en el que se basa parte de la economía de esta ciudad.

Estamos acostumbrados a ir por la calle y oír a lo lejos un acordeón, un violín, una guitarra o una voz; es parte de Granada, es parte de una ciudad que desde sus inicios ha sido cuna de poetas, filósofos, cantantes y músicos. Una ciudad con el encanto de lo bohemio, algo anarquista en sus entrañas, pero cabal y siempre respetuosa con el arte, que se ha forjado con letras y notas musicales.

Pero, mientras en Barcelona, Sevilla, Málaga o Bilbao se legisla desde los ayuntamientos, se ordena la normativa para “tocar” en la calle sin molestar a los vecinos pero beneficiando a músicos y artistas, y se permite organizar pequeños conciertos en bares y pubs (si se puede tocar en la calle, ¿por qué no en un sitio cerrado e insonorizado?), en Granada nos estamos encontrando con un panorama en el cual el actual legislador municipal (Sr. Francisco Cuenca) ha creado una amalgama de desconciertos como jamás se había vivido. Primero se potenció que los establecimientos hosteleros realizaran conciertos de pequeño formato, proclamando en todos los medios que en la “Ciudad de la cultura” ya se podía hacer música en directo en bares y pubs.  Sin embargo, al poco tiempo, inspectores y Policía Municipal empezaron a salir a la calle a sancionar.

¿Qué ha ocurrido? Es muy simple, los funcionarios (administrativos, técnicos, inspectores, policía…) cogen en sus manos las normativas y cumplen diligentemente con ellas, es decir, aplican la ley; en cambio el Sr. Alcalde, se adhiere a un Decreto (255/2018) y parece ser que o no consulta con técnicos y especialistas o, en una intención claramente electoralista, lanza la noticia sin un fundamento y sin antes haber adaptado la legislación municipal.

 

GOBERNAR = LEGISLAR

 
Las leyes, decretos y normas tienen que estar ajustadas a épocas y momentos concretos y, por lo tanto, se deben ir adecuando. En Granada no se ha legislado para y por la música y el arte, se ha improvisado y, utilizando una normativa desfasada, se ha aprovechado para decir que se estaban potenciando ambos sectores favoreciendo los festivales de música. Pero el músico de calle, el grupo que comienza a andar sus primeros pasos, el cantautor o cantautora que busca un hueco o que simplemente quiere transmitir un mensaje no tiene espacio. Lo que ocurre es que al pequeño bar de la esquina que quiere amenizar la comida o cena de sus clientes con un violín, un piano o una guitarra se le multa. Al pub que quiere potenciar la música y a la vez darle un carácter diferente a su establecimiento, pues no tiene cabida en la tan cacareada Capital de la cultura por que el Sr. Alcalde y las personas que le rodean han preferido coger las propuestas que se le hacía para añadirlas a su proyecto de campaña en vez de intentar llegar a acuerdos políticos con otros grupos y organizaciones y legislar al respecto.

El resultado de todo esto es que personas que con mucho esfuerzo han “montado” un bar o un pub y, apostando por la música (no sólo consiste en alcoholizar vendiendo chupitos), han querido ir un paso adelante y fomentar la cultura, han sido sancionados y algunos hasta han tenido que cerrar, perdiendo su dinero y un proyecto de vida. Y hablamos de granaínos trabajadores, de ciudadanos que con mucho esfuerzo se han atrevido a dar un paso adelante confiando en las palabras de sus “gobernantes” y, finalmente, han tenido que cerrar, la mayoría haciendo frente a préstamos y muchos sin trabajo.

¿Dónde está la sensibilidad musical? En apoyar y ayudar a los que empiezan, a los que día tras día, compaginando estudios y trabajo, se esfuerzan por el arte. ¿Potenciar festivales? Por supuesto. Pero sin olvidar que, aunque sea menos electoralista y se salga menos en la foto, las bases, los jóvenes, los que llevan toda la vida luchando para sacar un proyecto adelante son a quienes hay que proteger: obreros y trabajadores del arte, y pequeños negocios que en la mayoría de los casos son la única fuente de ingresos de muchas familias. Ambos, proyectos de vida. Mientras tanto… la música se va donde la acojan mejor.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here