… ESTÁ CONTRA MÍ

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Quien no está conmigo… Totalitario que fue el joven. Y eso que proclamaba paz, fraternidad y poner la otra mejilla. Menos mal que el de Tarso, con las secuelas del batacazo caballar, gentilmente llevó a los gentiles el sentido de la espiritualidad y de la intransigencia judaica.

El totalitarismo no está ausente casi de ningún rincón, así que mejor no cargar tintas sobre la parte religiosa. O el problema lo tiene el independiente. Una de dos. Frente a independencia, totalitarismo. O eres mío o del enemigo: no te quedan más opciones.

De todas formas, como hija putativa de la religión –si se prefiere de la (charlatanería pseudo-mágica)-, la política se emancipó muy pronto. Y, como es de general dominio, lo bonito es lo único que no se pega. “Quien no está conmigo, quien no me aplaude, quien no me ríe las gracias-sin gracia, quien no defiende mis errores, quien me los recuerda –por muy lealmente que lo haga- es mi enemigo. Peor aún: es del enemigo”.

No importa que quien defienda sus errores le ayude a hundirse, ni que una crítica lealmente razonada pueda apuntalarle en el acierto. No importa. La política –es decir, los políticos- necesitan un botafumeiro permanente que disipe su olor, más que los peregrinos de la Edad Media. Político “es” creer que se pueda cubrir una mentira con otra mayor. Es recortar derechos sociales. Es disminuir libertad y derechos humanos, para evitar críticas a su mala gestión. Es aprovechar la lacra del terrorismo para aumentar su poder y disminuir la democracia, hasta tal punto, que ya nos hace pensar: realmente quien mantiene al terrorismo.

Pues –córtense esa sonrisa- políticos no son solo quienes lo tienen como profesión. Miedo dan algunas actitudes. Bueno, no; podrían darlo, si no fuera porque ya conocemos el paño. Robespierre solo fue el último en caer bajo su propio mazo. Ahí no está el miedo: se trabajó su final. Lo que uno no quiere es ser la primera víctima del genio del terror.

Pero, no. No daban miedo los insultos vociferantes a quien “osaba” cruzar hacia la Toma de Posesión, porque el humo ciega sus ojos. Porque solo eran gritos a un traje y una corbata, es decir: a la libertad de elección. Sí da miedo su escasa capacidad para distinguir, para diferenciar; su encogida, empobrecida forma de calificar, solo por la vestimenta. Pobre discriminación, ni siquiera capaz de apreciar la calidad de diseño, tejido y confección, lo que les lleva a despreciar la chaqueta y aceptar la camisa, aunque esta pueda superar ampliamente al traje en calidad y precio.

Sin embargo, el de la camisa y el del traje, era la misma persona.

¿Dónde estabais, cuando algunos avisábamos de la próxima llegada del monstruo llamado crisis, anunciado por la imparable e imperdonable especulación, a la que se plegaron todos? ¿En nombre de qué negabais la existencia de una burbuja que ya no cabía en el Universo? ¿Con qué derecho os reíais cuando advertíamos del imposible precio de la vivienda y del cierto riesgo de basar la economía casi exclusivamente en la construcción? Universitarios bilingües pero parados ¿ya os habéis creído el gubernamental cuento de la recuperación exprés?

Han confundido pacifismo con gritos. Han optado por el camino más cómodo y rentable para el poder: manifestaciones, concentraciones, sin acciones concretas. Sois víctimas, sí, ¿y qué? La víctima disminuye hasta disiparse en tanto crea o promueve nuevas víctimas.

Unos condenan por no reír sus gracias sin gracia; otros por no seguir sus gritos y consignas, o por no vestir según sus gustos y preferencias. Unos tienen el poder y pueden decidir. Otros son su apoyo -consciente o inconsciente, libres o manipulados- en tanto carecen de métodos de acción ni se dotan de ellos. El enemigo no es la competencia; no es la antítesis. El enemigo suele dudar de quien no está bien visto por su enemigo.

¿Podría el independiente ser la primera víctima de Robespierre?

No.

Porque -no teman, poderosos-, pese a todo, aquí no se percibe ninguna revolución.

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