Leo en un periódico local un gran artículo sobre el ranking de ciudades culturales con un enfoque analítico basado en datos que ha publicado la Fundación Contemporánea; las palabras de Isabel Vargas en el periódico Granada Hoy describen la realidad de una ciudad que desea ser Capital Europea de la Cultura en 2031.

Con ese artículo como catapulta voy un poco más allá, como marca distintiva de Revista Loa y analizo lo que creo que son las razones que nos han llevado de ser un referente cultural a no estar entre las 10 capitales culturales; lógicamente esto no es casualidad ni azar. 

Antes que nada, pongamos los pies en la tierra y veamos que opina la Unión Europea (ONU) sobre Granada en el Monitor de las Ciudades Culturales y Creativas:

  • Economía creativa: puesto 40 de 56 (posibilidad de “vivir” de la cultura)
  • Ambiente cultural apto: puesto 22 de 56 (Centros culturales)
  • Vitalidad cultural: puesto 7 de 57 (iniciativas de asociaciones y emprendedores)
  • Apertura, tolerancia y confianza: puesto 30 de 56
  • Participación cultural de la población: puesto 11 de 56
  • Transporte y conexiones: puesto 32 de 57
  • Calidad del gobierno: puesto 37 de 48

¿Hace falta explicarlo? la población (fija o itinerante) quiere cultura; las posturas de los gobiernos y administraciones (nacional, autonómico y local) frenan el empuje e iniciativas culturales, fundamentalmente local.

Granada tiene un enemigo que se alza desde el interior de un baluarte de piedra sobre el que reina un caballo sobre bolas doradas en las que es difícil mantener el equilibrio y de las que espero jamás se resbale, porque la ostia puede ser monumental. 

El Ayuntamiento y sus habitantes, ayudan poco a que esta ciudad se desarrolle y no hablo exclusivamente de los del antiguo convento del Carmen, sino de los del edificio de las Hermanitas de los Pobres (Gran Capitán), Mondragones, Huerta del Rasillo… y tantos lugares de esta gran ciudad dispersos y algunas veces difícil de encontrar para el ciudadano. 

Los políticos se pierden y están más preocupados en sus luchas palaciegas con gente de su propio partido y del partido “enemigo” que de mirar por la ventana y ver la realidad (“veo mas miseria en Roma que en Calcuta” –Teresa de Calcuta); y el funcionariado actúa desde el púlpito de una autoridad vana y absurda que les permite el saber que ningún político se va a enfrentar a ellos y de quienes tienen un puesto que no corre peligro; una impunidad fantasmal porque llegará el día en que alguien o alguna entidad comience a decir se acabó. Me planteo si en las próximas elecciones tendremos que votar a técnicos y funcionarios en vez de a políticos… puesto que son los que «manejan» Granada. 

¿Qué ocurre? es muy simple, no existe una legislación municipal clara y precisa que apoye y potencie la cultura a ningún nivel. Nos hemos dormido en las almenas del Castillo Rojo mientras en otras ciudades nos disparan con flechas mortales que nos hieren de muerte: señores gobernantes: ¡LEGISLEN! y si nos sale en negativo, pues ya veremos que hacemos, pero la incertidumbre es un peso que no queremos soportar los ciudadanos.

¿Se puede permitir Granada ir escándalo tras escándalo? ¿Se puede permitir Granada, la que fue referente cultural, no tener festivales culturales? Por supuesto que no. Se necesita una ciudad viva, inquieta, inteligente, creadora, ilusionada e ilusionadora. Con teatro de títeres, con músicos en la calle, con conciertos en sus establecimientos, con sus teatro llenos, con poetas, con más novelistas y menos noveleros y ¿y qué hace el ayuntamiento? cerramos una sala de exposiciones en Puerta Real, prohibimos y multamos a los establecimientos que ofrecen cultura, quitamos a los músicos de las calles y plazas, cerramos mercadillos de arte, abandonamos a nuestros parques y jardines.

Si alguien piensa en un poeta de Granada… ¿Cuantos nombres se nos ocurren? Uno: Federico. El mismo que sólo tiene una estatua en su ciudad y donde su casa de la Vega se mantiene casi sin presupuesto y con graves problemas, a diferencia de su casa de nacimiento en Fuente Vaqueros  la de Mozart en Viena, o la casa museo de Zenobia y Juan Ramón Jiménez: ¿Capitalidad europea?…

Ese artículo que citaba al principio es la realidad, falta de apoyo a las iniciativas culturales y trabas administrativas y aquí no se salva nadie pero aún menos políticos municipales y funcionarios (incluido Policía Local). Hay muchos planes, ideas, proyectos, reuniones, mociones, declaraciones institucionales… y muchas sanciones municipales para recaudar fondos (supongo) dejando en la ruina a establecimientos que tienen que cerrar con lo que repercute en los índices de inversión de los promotores y emprendedores; prohibiciones de actos y actividades sino se pasa por ventanilla a abonar, mientras tanto: Granada se cierra.

Hay un enemigo… Granada tiene un enemigo que se alza desde su interior en un baluarte de piedra sobre el que reina un caballo a dos patas sobre bolas en las que es difícil mantener el equilibrio y de las que espero jamás se resbale, porque la ostia puede ser monumental. 

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