Las personas menstruantes somos diferentes en momentos diferentes del ciclo- ya lo
hemos observado una y otra vez. Hay días en que estamos más alegres, otros en que estamos más ansiosas, días en que nos apetece más tener sexo de una manera u otra y días en que no queremos ver a nadie. Sabemos que hay hormonas que hacen posible la ovulación y la menstruación y sabemos que estas mismas hormonas tienen influencia en el cuerpo más allá del aparato reproductor. ¿Sabemos si también tienen influencia en la mente?

Menstruación y cerebros
Las hormonas son los elementos del cuerpo responsables de prácticamente todos los
cambios. Son producidas en glándulas y viajan por la sangre para entrar dentro de los núcleos de las células donde señalan a una parte especifica del código genético para crear más o menos de ciertas proteínas. Así pueden influir en la función de todos los órganos, crecimiento y desarrollo, metabolismo, respiración, digestión, excitación, sueño, la percepción de los sentidos y más.

Cuando los adolescentes experimentan cambios corporales y desarrollan una actitud típica
de rebeldía para acompañar el proceso, ¿a qué culpamos? A las hormonas. Cuando una
embarazada que siempre ha sido una persona muy sensata empieza a olvidar de todo y sentirse dispersa, ¿a qué culpamos? A las hormonas. Hay miles de ejemplos de cómo las hormonas sexuales afectan a los estados anímicos de las personas, podríamos estar toda la vida explorándolos.

¿Las mismas hormonas que regulan nuestro ciclo menstrual también afectan a nuestros
estados anímicos? Sí, claro que sí. Afectan a la memoria, la concentración, la paciencia, la
motivación, la tranquilidad, el hambre, el estrés… Si el estrógeno, cuyos niveles suben antes de la ovulación para estimular el crecimiento del endometrio, influye en la suavidad de la piel y la densidad de los huesos, ¿por qué no va a influir en la capacidad de la cabeza para estabilizar las emociones? 

Endometrio
De todas las conexiones entre hormonas sexuales y el cerebro, una de las más investigadas es la que existe entre el estrógeno y la felicidad. Todas hemos oído hablar de la depresión posparto, y muchas hemos experimentado sensaciones de tristeza cuando nos viene la menstruación y en los días anteriores. ¿Será casualidad? ¿Comportamiento socialmente adquirido? ¿O tendrá una explicación neurológica? 

Existen en el cerebro lo que se llaman neurotransmisores. Son los mensajeros que regulan la percepción de los sentidos y de los sentimientos. La serotonina es uno de los neurotransmisores las conocidos, muchas veces considerado responsable para la felicidad y el bienestar. La definición de depresión clínica es la deficiencia de serotonina. Regula el humor de una persona y también su apetito y su sueño. Este pequeño químico tiene una relación estrecha con estrógeno, y por lo cual la cantidad de ella disponible en el cerebro varia a lo largo del ciclo femenino. Científicos han descubierto que la presencia de estrógeno en las neuronas aumenta la recepción de serotonina en las mismas
células, mejorando su flujo y fortaleciendo sus efectos. Otros estudios muestran que cuanto más estrógeno hay, más tonificada está la serotonina. El estrógeno en sí es un elemento fundamental en su síntesis. Sin ello, el cuerpo no puede producir este neurotransmisor tan importante.

La mayoría de mujeres se sienten más felices y más activas antes y alrededor de la
ovulación, justo cuando el ovario está produciendo más estrógeno. El momento del ciclo en que hay niveles mas bajos de estrógeno es durante la menstruación, después de una caída repentina en los días anteriores. Según la neurociencia, cuando hay más estrógeno, también hay más serotonina, facilitándonos la explicación biológica por lo que solemos sentir. Cuando el estrógeno está en su momento alto no solo aporta felicidad, sino que mejora la memoria, la capacidad de retener información aprendida, el comportamiento social y la motivación para alcanzar metas.

¿Cuadra con lo que notas en tu ciclo? Lo más importante que puedes hacer para estar en
paz contigo misma durante todo el mes es darte cuenta de cuándo y cómo son los cambios
anímicos que experimentas personalmente. Conocer a tu ciclo es conocerte a ti y conectar contigo en todos tus estados, y un gran paso hacia la autoconfianza y autonomía.

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