El Bullying

4
405

NO es solo cosa de chic@s

La artista norteamericana Maya Angelou una vez dijo: “La gente olvidará lo que digas; la gente olvidará lo que hagas… pero jamás olvidará cómo la hiciste sentir”.
Lo que sentimos siempre es mucho más poderoso que las palabras o los hechos, porque son nuestros sentimientos, en realidad, los que provocan emociones, y son éstas, en verdad, las que recordamos y marcan nuestro accionar en el mundo.
Yo apenas entraba en la adolescencia. Era una chica alegre, a quien le gustaba relacionarse con personas de su edad, que también estaban en esa etapa cambiante y complicada del crecimiento.     De repente, sin saber cómo, me vi envuelta en un círculo vicioso del que me costó salir, víctima del acoso y agresiones psicológicas de quienes creía amig@s. Me resultaba difícil entender y aceptar que estaba recibiendo agresiones: al principio pensaba que era mi culpa, que yo lo provocaba, que había algo malo en mí, que yo estaba muy sensible, que era mi impresión… Y se me había convertido en un capricho obsesivo el continuar en compañía de estas personas… y, poco a poco, fui cayendo en un estado de tristeza… Puedo adelantarme en el tiempo y decirles que al año siguiente me repuse increíblemente, pero el tiempo transcurrido entre medio fue una época muy difícil de superar, que marcó mi vida, mi autoestima y mi visión del mundo: aprendí lo doloroso de las consecuencias de las agresiones físicas y psicológicas de compañer@s.
Creo que a tod@s nos ha ocurrido en algún momento de la vida, especialmente en la época escolar: siempre tuvimos algún/a “bully”, la persona que estaba siempre cerca, como esa vocecita malvada, poniéndonos apodos o diciéndonos algo desagradable… que si no es porque somos fe@s es porque somos gord@s, o porque somos bajit@s, o demasiado alt@s, o tenemos nariz
grande, o muy pequeña, o somos rubi@s, o somos moren@s… Eran l@s expert@s en ver algo y hacerlo siempre parecer negativo, y explotarlo hasta el hartazgo, involucrando a otr@s (con las mismas intenciones) para ser más y escudarse en el poder de los grupos, a fin de destruir nuestra moral y confianza, esperando, tal vez, aliviar sus propias frustraciones y no sentirse sol@s en su infelicidad…
Y esto no solo ocurre en el ambiente escolar de niñ@s: también en la vida adulta, en diferentes ámbitos.
El problema empieza cuando permitimos que se salga de control, que maneje nuestra vida y le damos poder… Lo peor que podemos hacer es creer que aquello que dicen de nosotr@s es cierto, porque lo que creamos es lo que vamos a manifestar, y el círculo vicioso se alimentaría de formas muy negativas…
Hay veces en las que solo ignorando al/a la “bully” y no dando la atención que esperan que le demos, el problema se acaba… Pero otras veces no. Y es ahí donde hay que actuar:
Por empezar, se puede confrontar directamente a la persona, preguntarle qué le ocurre, por qué nuestra existencia le interesa o le molesta, y ponerlo en evidencia ante l@s demás. Esto a veces desactiva sus prácticas cuando su intención es incomodarnos en público, y al ver que no lo hace y que nosotr@s, lejos de retraernos, nos exponemos y lo enfrentamos de manera pública devolviéndole su propia técnica, sin miedo a las demás miradas, suelen amedrentarse.
También hablar con otras personas al respecto puede ayudar. No esconderse en el miedo. Otr@s interesad@s y afectad@s pueden sumarse también en la misma confrontación para frenar los ataques, o pueden estar atent@s para desactivarlos.
Pero nunca jamás entregues tu poder: a tod@s nos ocurre, no somos l@s únic@s que podemos tener ese problema, y nadie merece ser maltratado. Y eso hay que tenerlo muy claro: el maltrato no es tolerable, no se debe aguantar ni justificar bajo ningún punto de vista.
Seamos amig@s de nosotr@s mism@s: no permitamos agresiones, y ayudemos a quienes las sufran, sin importar su edad. Demostremos que nuestra fuerza de hacer el bien es más poderosa y que el bien funciona mejor que las malas intenciones. La vida es muy corta para dar lugar a lo negativo. Valorémosla. 

 

Compartir
Artículo anteriorDerribo de viviendas
Artículo siguienteEsta es mi ciudad
Alejandra de Picciotto
Alejandra de Picciotto, cuyo pseudónimo literario es Alura, es una nómade del Cielo. Nacida en una pequeña localidad del oeste suburbano de Buenos Aires, en Argentina, actualmente se desempeña como Auxiliar de Vuelo, aunque su primera carrera fue como Docente, Profesora de Inglés, que sigue ejerciendo simultáneamente de distintas formas. También es Coach, escritora y bloggera en www.aluratravels.com . Cuando no está volando, está tratando de cumplir sueños en la tierra, porque tiene la gran convicción de que los sueños se han hecho para cumplirse. "Amo las historias de sueños cumplidos" :)

4 Comentarios

  1. Cabe recordar que como dije una vez, el bullying no solo es cosa de niños…muy bueno el artículo!!

  2. Si Alej, todos alguna vez hemos sido víctimas del bullying y es muy feo lo que eso nos hace sentir y como nos afecta. Recuerdo que en el liceo o etapa secundaria se burlaban de mi estatura porque soy ”bajita”, y eso me llevo a ser insegura y a tener baja autoestima, claro ya es cosa del pasado, pero el bullying siempre hace daño.
    Excelente articulo!

    • Muchas gracias, Johanna, por tu respuesta! Así es, a mí me ha pasado por diferentes motivos, que quienes tienen malas intenciones siempre encuentran, o inventan, para lo cual la creatividad y la imaginación se hacen frondosas, mas no para cosas más sanas que hagan bien a todos… Me alegra que haya quedado en tu pasado y hayas podido superarlo. Aquí estoy para lo que necesites! Un cariño grande y gracias por leerme y comentar 🙂

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here